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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

H. Congreso del Estado de Chiapas

La ley de “errores”

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 14-07-2019 | [Imprimir]
Manuel Zepeda Ramos

-A partir de hoy, se modifica el período de gobierno de los presidentes municipales, pasando de seis años, a doce...no: ¡a veinte años! pudiendo reelegirse hasta por cuatro períodos. Uno nunca sabe. Así fue como
me di cuenta que las leyes no servían...¡y las cambié!
-¡De veras cambiaste la constitución, ca! Me cái que eres un chingón...y si la voluntad popular lo demanda, el período gubernamental del alcalde podrá prolongarse ¡hasta por veinte años! con posibilidad de reelección hasta por un máximo de ¡cuatro veces! hijo de la...Me cái que ni don Porfirio Díaz. Y yo que pensaba que a este pueblo no se le podía hacer nada.
El diálogo aquí reproducido es el que se da en la película La Ley de Herodes; una película del director mexicano Luis Estrada, hijo del famoso director José “el Perro” Estrada -q.e.p.d.-, filmada en 1999, con guión del propio Luis, Vicente Leñero, Jaime Sampietro y Fernando Javier León Rodríguez. El diálogo, digo, se da entre Damián Alcázar -que hace el papel del alcalde de un pueblo que acepta el puesto pero que se transforma en un gobernante corrupto tras la visita de un político astuto- y Pedro Armendáriz, que hace el papel de ese político astuto.
Debo decirlo: Damián Alcázar llega a la facultad de teatro de la Universidad Veracruzana cuando el rector Roberto Bravo Garzón invita al mexicano ya fallecido Raúl Zermeño-acababa de graduarse en Polonia como cineasta, en la escuela que ha formado a tantos cineastas importantes del Planeta-, para que funde en Xalapa la Facultad de Teatro de la universidad más importante de Veracruz. Al poco tiempo, Damián enseña sus enormes posibilidades de gran actor siendo todavía estudiante, en la puesta en escena de la obra de Bertolt Brecht: La Boda de los Pequeños Burgueses, adaptada magistralmente por Zermeño en una ambientación del barrio de Tepito. Recuerdo la gran actuación en esa puesta en escena de Guadalupe Bocanegra, también formada en las primeras generaciones de egresados universitarios, fallecida recientemente en París -vaya un mínimo homenaje desde aquí a esta amiga y gran actriz-, en donde hizo del papel de Frida Kahlo, su otro yo en la escena teatral de la Ciudad Luz contemporánea.
Disgresiones aparte, lo que ha sucedido en el fronterizo estado de Baja California, protagonista principal en esta época en donde la inmigración ocupa un lugar destacado en el Planeta, se ha convertido en un escándalo político nacional a partir de las elecciones estatales del primero de julio para un nuevo período de dos años.
El hombre del centro del huracán es el propio candidato ganador miembro de Morena, Jaime Bonilla, que en el poco tiempo no ha podido ni ha sabido guardar las formas de una política correcta, ha enseñado tácitamente lo que habrá de ser su estilo de gobernar, no obstante que cuando proteste como gobernador habrá de jurar cumplir y hacer cumplir la constitución.
En Mexicali sucedió lo que ya todos sabemos: repentinamente el congreso de Baja California, en una elección interna casi absoluta, en donde insólitamente los diputados del PAN y del PRI junto a los tres diputados de Morena deciden cambiar el período de gobierno, de dos a cinco años, cuando que la elección se había realizado para uno de dos. Asimismo, tres de los cinco ayuntamientos ratifican el acuerdo del congreso. De inmediato, la inteligencia jurídica del país opina contundentemente: se está violando la Constitución y sus acuerdos específicos.
La primera respuesta del gobernador electo, Jaime Bonilla está, al menos, fuera de la ortodoxia y la lógica política: En Baja California, dice Bonilla, “se vive diferente”. De ese tamaño, como si BC fuera una entidad ajena a México y a sus leyes, como si fuera un país aparte. Cuando se le dice que Cuauhtémoc Cárdenas opina en contra del cambio de período Jaime Bonilla, en lugar de argumentar al respecto, solo dice: “El ingeniero Cárdenas no tiene por qué meterse, porque no supo sostener su candidatura que perdió”. Se le pregunta acerca de lo que ha dicho uno de los candidatos, Jaime Martínez Veloz, antiguo morenista y ahora candidato perdedor del PRD a la gubernatura y Bonilla contesta: “la gente busca reflectores porque viven en el anonimato, viven amargados”. Como es posible que gobernemos solo dos años, dice Bonilla, si nos gastamos 800 millones de pesos en la campaña, que es el mismo argumento que utiliza la presidenta nacional de Morena, la señora Yeidckol Polevnsky. Si uno fuera malpensado, sonaría a que en dos años sería imposible recuperarlo, razonamiento común de la inmensa mayoría de los candidatos que invierten en ser elegidos con la seguridad que en su ejercicio lo recuperarán con creces.
El PAN, dice Bonilla, gobernó 30 años y destrozó al estado.
Quiero decirles que hace treinta años se decía exactamente lo mismo del PRI, el partido que había gobernado desde que se había convertido en entidad federativa. Se decía también que las elecciones de Roberto de la Madrid y de Xicoténcatl Leiva Mortera, este último veracruzano de origen -de Coatepec-, fueron ganadas mediante el fraude electoral y que el origen de Ernesto Rulfo Appel, el primer gobernante ganador de la elecciones, del PAN, era claramente estadounidense, sin que se haya nunca verificado lo que todo el pueblo de Baja California decía, que había nacido en San Diego. Treinta años después, se argumenta que Bonilla es también ciudadano norteamericano o, como en el caso de Nestora Salgado, al menos con doble nacionalidad. En esta ocasión ¿se habrá de analizar el origen de Bonilla o habrá de quedar en el olvido como el origen de Ernesto Ruffo? ¿Podrá ser argumento de peso suficiente para separarlo de su cargo?
Mientras, al igual que en Veracruz para lo que venga, el auditor superior del estado o como se llame, ya fue elegido hasta para el 2027, no vaya a ser que Quico Vega vaya a sudar calores de verano.
Hoy, Baja California es un herradero en medio de un estercolero.
Afortunadamente, el presidente ya habló y lo hizo fuerte. Dijo que “confía en que las autoridades competentes lo resuelvan”. Ahora ya no hay influyentismo, el presidente no se mete en esos temas como era antes. No nos confundan, que no somos iguales. Tenemos autoridad moral que es nuestro escudo. “Imagínense que los legisladores me hubieran pedido mi opinión, ¿como estaría hoy? se me caería la cara de vergüenza, sin autoridad”.
En el corto tiempo, de aquí a octubre, antes de que se de la toma de posesión en BC el primero de noviembre, el período de gobierno habrá de haber vuelto a la normalidad de la ley, de dos años -que no debió de haberse trastocado nunca-, con el concurso del Tribunal Federal Electoral que tiene la última palabra.
Mientras, esperemos la expulsión de todos los panistas que participaron en esta aberración, como así lo prometió su dirigencia nacional.
Es la corta historia de una “ley de errores” que imaginó un neo gobernante que se resistió a ser jefe por solo dos años que las reglas del juego marcaron desde un principio.
Esos dos años habrán pasado más rápido de lo que nos imaginamos, para bien de Baja California.