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En la Mira

Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 25-02-2019 | [Imprimir]
Héctor Estrada

Normales rurales, a limpieza profunda o desaparición inminente


La fuerte advertencia hecha por la nueva secretaria de Educación en Chiapas, Rosa Aidé Domínguez Ochoa, sobre la aplicación de nuevas medidas de “reordenamiento” o, en caso
extremo, la posible desaparición de las Escuelas Normales Rurales en la entidad, ha encendido las alertas al interior de las agrupaciones de insurgencia estudiantil que desde hace años mantienen secuestrado el control de dichas instituciones normalistas.
La postura casi inamovible de Domínguez Ochoa para poner orden al interior de las normales rurales ha provocado un nuevo “pacto” de aparente complicidad entre los grupos de insurgencia normalista y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Chiapas, que durante los últimos años habían mantenido evidente distancia en formas y agendas de lucha.
Y no es para menos el recrudecimiento de furia, el nuevo gobierno estatal ha puesto sobre la mesa de negociación la aplicación de una limpieza profunda al interior de dichas escuelas rurales, que involucraría la disolución de los grupos estudiantiles violentos para finalmente regresar el control de las escuelas a las autoridades educativas. De lo contrario, no podría descartarse el posible cierre paulatino de dichas instituciones.
El constante conflicto con la normales rurales de Chiapas no es asunto nuevo. Durante décadas han sido protagonistas de movimientos en defensa de derechos educativos o estudiantiles, protestas y manifestaciones que se han transformado con el paso del tiempo. Los conflictos con gobiernos pasados han dejado numerosas historias de enfrentamientos violentos y resistencia estudiantil en calles, plazas públicas y carreteras de la entidad.
El ejemplo más conocido de ello es el de la Escuela Rural Mactumactzá. Para nadie es un secreto que “la Mactu”, como le llaman sus propios estudiantes, ha estado inmersa en la polémica y los señalamientos desde hace mucho tiempo. Forma parte de un grupo de 21 normales rurales en todo el país, caracterizadas por su participación constante en diversas luchas sociales, principalmente magisteriales, con clara formación basada en ideologías de movimientos revolucionarios del siglo IXX y XX.
A lo largo de su existencia ha sido opción para cientos de estudiantes de escasos recursos que aspiran a la formación docente a fin de llevar la educación básica a los pueblos más marginados. Nadie niega la nobleza de su vocación real y la legitimidad de muchas de sus luchas, pero también es honesto reconocer que el paso del tiempo la ha contaminado y secuestrado las entrañas.
La Escuela Rural Mactumactzá, como otras tantas de su tipo, se ha convertido en instituciones donde la autoridad universitaria ha sido rebasada, maniatada, despojada del poder, expulsada y hasta impuesta por un “consejo estudiantil” sobreempoderado por la injerencia de aliados e intereses externos que ya nada tienen que ver con la formación profesional docente de las y los estudiantes normalistas.
La muerte del estudiante José Luis Hernández, hace sólo unos meses como parte de una novatada, es la muestra más reciente de lo que ha sucedido durante años. Historias de estudiantes, directivos, docentes y padres de familia inconformes por las prácticas autoritarias del consejo estudiantil han sido acalladas brutalmente por el temor y la represión. Lo grupos estudiantiles de insurgencia se han transformado en un poder hegemónico como el que tanto aborrecen y dicen combatir en las calles.
En esencia las normales rurales tiene de fondo una noble vocación que podría ser razón suficiente para su subsistencia, siempre y cuando sean sometidas a procesos de limpieza interna sin consideraciones. El cierre de dichas instituciones debería ser la última opción como parte de una medida urgente de “saneamiento” que erradique de una vez por todas a esos grupos vandálicos que hoy usan las causas estudiantiles sólo para legitimar sus arbitrariedades… así las cosas.