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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

H. Congreso del Estado de Chiapas

Artículo único

Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 15-12-2018 | [Imprimir]
Angel Mario Ksheratto

Carlos Morales y su opacidad


La deuda del municipio de Tuxtla Gutiérrez, es una de las más altas a nivel nacional; mil 300 millones de pesos, es el cálculo que ofreció a regañadientes el alcalde Carlos Morales
Vázquez, en un acto informativo que, paradójicamente, de no ser por su intrascendencia, nadie se habría enterado. Como lavatorio de manos, el edil utilizó el desastre de las administraciones anteriores para justificar su inoperancia y excusarse por los pésimos resultados en sus primeros dos meses de fracasos.

Cierto es que desde Juan Sabines Guerrero a la fecha, la administración pública municipal, viene arrastrando adeudos que conforme han pasado los años, se han vuelto cuasi impagables. Han sido nueve alcaldes en 13 años, los que dejan saldos perturbadoramente rojos y que lejos de sanearlos, el recién ungido presidente municipal, anuncia la adquisición de un nuevo empréstito de 105 millones de pesos.

El fundamento de Carlos Morales para recurrir a la banca y solicitar el aumento de la deuda pública, es endeble, pueril: pagar sueldos, aguinaldos y otras prestaciones de fin de año a los empleados del Ayuntamiento.

En el fondo, es solo un pretexto para encubrir las deficiencias administrativas suyas y proteger de la cárcel a sus antecesores, quienes desviaron recursos etiquetados.

En el presupuesto de egresos de éste año, está debidamente etiquetado cada centavo. Rubro por rubro, se establecieron montos (la mayoría estratosféricos, por cierto) de cada una de las dependencias municipales en cuanto a sueldos a personal sindicalizado, de confianza, eventuales; primas vacacional y quincenal, gratificaciones, aguinaldo, compensaciones fijas, incentivos y hasta despensas.

¿Dónde está ese dinero? ¡Claro! ¡Se lo robaron! El mismo Carlos Morales, denuncio ese hecho, pero se ha negado sistemáticamente a poner a funcionar a su equipo jurídico, para que presente las demandas correspondientes ante la Fiscalía. No tendría ni siquiera pedir a la Auditoría Superior o al Congreso que intervengan, porque es un hecho más que probado y aplica la justicia de manera directa.

Al negarse a cumplir con su obligación de denunciar, se hace cómplice de los responsables del desfalco; y se va por la ruta fácil: endeudar más a la ciudad para cubrir los hoyos que la corrupción de los nueve antecesores suyos, dejaron en la administración pública.

Es irresponsable incumplir con las leyes, pero es también, un delito omitir acciones de corrupción que, en la afamada “Cuarta Transformación”, se pretende eliminar por completo. Los expertos recomiendan que, por ninguna razón, se deben contraer deudas, por lo menos, en el primer semestre, porque hacerlo, desfasaría el presupuesto anual.

El Ayuntamiento tuxtleco, no es un ente pobre, de escasos ingresos. Solo en impuestos y fondos, en éste año se logró la recaudación de mil 234 millones 909 mil 520 pesos. Más los recursos de programas estatales y federales que no son pocos; más los provenientes en materia de desarrollo e infraestructura de los dos niveles de gobierno. Más lo que se recauda por el servicio de agua potable, alcantarillado y drenajes. Más lo que se recauda en multas. Más los ramos 23 y 33 y otros. Los ingresos, entonces, son muchos.

El edil se queja de falta de dinero, pero ha firmado ya, contratos y convenios con particulares prestadores de servicios. Y no por montos menores, sino de cientos de miles, lo cual es un insulto a la inteligencia de los capitalinos.

Si en lugar de erogar grandes cantidades de dinero en asuntos superfluos y de ornamento personal, utilizase esos recursos para pagar sueldos, aguinaldos y prestaciones, le aplaudiríamos porque entonces sí estaría en sintonía con los “postulados” de austeridad que predica el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Endeudar más a los capitalinos, es un atentado que no se debe permitir; porque abona a la corrupción y alimenta la impunidad. Hay que decir que en ese contexto, Morales Vázquez ha sido opaco. Y no por ahorrarse unos centavos en la construcción de espacios oficiales para por lo menos presumir transparencia, sino porque ha tratado, con poco éxito, tapar el desastre financiero de los que le precedieron en el cargo.

El alcalde, debe ser transparente. Y debe responsabilizarse de sus actos. Ya basta de opacidades y escondrijos. Ya basta de mentiras y aberrantes empréstitos financieros que solo Dios sabrá en qué bolsillos pararán. En dos meses ha demostrado incapacidad e ineficiencia. Ambición y soberbia. Ha mostrado que su interés, no es la ciudad, sino su propio beneficio. ¿Qué ha hecho en dos meses?