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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

H. Congreso del Estado de Chiapas

Desde Los Altos

Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 29-07-2018 | [Imprimir]
Fredy López Arévalo

En 1999 visité Trieste, Italia, para conocer el famoso Castillo de Miramar.


En 1985 leí ‘Noticias del Imperio', de Fernando del Paso, y desde entonces tenía avidez por conocer el Castillo de Miramar, frente al mar Adriático, en Trieste.
Y hacia allá me fui, aún bajo la nieve. El castillo de Miramar es una mole imponente, ahora visitado por miles de turistas de todo el mundo. Según se consigna fue construido en el siglo XIX por voluntad del archiduque Maximiliano de Habsburgo. Ahí murió sola y loca la princesa Carlota de Bélgica, quien sobrevivió a la muerte de Maximiliano.

Carlota Sajonia-Coburgo-Gotha y Orleans, Princesa de Bélgica, Emperatriz de México, murió delirando con su Emperador y la nostalgia de su imperio en México.

Recordé entonces la entrevista que hice a mi tío político Miguel Gómez Plouvier en mi natal Yajalón y que publiqué en la revista Ámbar.

El tío Miguel estaba casado con una hermana de mi madre, Estela Arévalo, y vivía en Yajalón en una casa contigua a la nuestra.

La entrevista la realicé en varias visitas a su casa para tomar café. Entonces yo construía un local para trasladar ahí la Marisquería Yash Lum, en una de mis vidas pasadas.

El tío Miguel me contó la historia de su abuelo, Pierre Plouvier, soldado de la Emperatriz Carlota. Pero ahora su nieto Pepe Uhlig Gómez me corrigió: Pierre Plouvier -mi bisabuelo- no formó parte exactamente del séquito o la guardia de honor de la Emperatriz Carlota, porque ésta era parte de la corte Austríaca que los acompañó a su aventura en México.

“Pierre Plouvier fue parte del cuerpo de 1,600 expedicionarios belgas enviado por Leopoldo II, Rey de Bélgica, hermano de Carlota, quien al igual que José Francisco de Habsburgo, emperador de Austria, acordaron con Napoleon III y Maximiliano, en 1863, formar con el apoyo de ambos un Ejército imperial en México, que permitiera a Francia retirar a su ejército (1863).

Ambos monarcas se comprometieron enviar a 2,400 efectivos cada uno.

Jose Francisco de Habsburgo lo cumplió y ante la caída del imperio de Maximiliano, estos regresaron a Austria en casi su totalidad. En el caso de Bélgica, Leopoldo II se encontró con el inconveniente de que en la contitución del joven Estado Belga (1831), se estableció su NEUTRALIDAD ante conflictos internacionales. Por lo que en la convocatoria se establecía la invitación de “voluntarios para la expedición a México", lo cual, aún así, generó poca aprobación nacional, y mucha protesta en los medios internacionales (principalmente en USA), sumando que apenas 3 años atrás, en 1861, Leopoldo II había firmado un acuerdo comercial bilateral Bélgica-México con Benito Juárez.”.

“Cuando mi mamá me contaba que su abuela Elisa Plouvier de Gómez le decía que su Papa Pedro (Pierre Paul) Plouvier era Capitán de la Guardia de la Emperatriz Carlota, yo siempre le cuestioné contrastando las fechas de la intervención francesa contra la fecha de nacimiento de la abuela Elisa (1886), y cuestionando que tal vez el rango de Capitán provenía del romanticismo que le inyectamos a la historia familiar, para hacerla un poco más épica. Ahora sé que los 1,600 soldados que formaban la expedición Belga, al desembarcar en Veracruz (cuatro contingentes de 400 hombres más o menos entre junio y enero de 1864) se hicieron llamar a ellos mismos “la Guardia de la Emperatriz Carlota", aunque nunca estuvieron a mas de 100 km de la capital... y por supuesto, de la Emperatriz y su Séquito.

La Autodenominada Guardia de la Emperatriz, estaba compuesta por 1 general (el barón Alfred Van der Smissen), 4 Coroneles, 200 Capitanes (uno de ellos, ahora sí, muy probablemente mi tatarabuelo Pierre Paul Plouvier), y una buena tropa de voluntarios inexpertos.

Segun la maestra Angela Moyano, doctora en Historia por la UNAM y académica de la Universidad Autónoma de Querétaro (descendiente, también de estos expedicionarios), a la caída del Imperio, de estos 1,600 soldados, aproximadamente 600 regresaron a Belgica en 1867, después de la trágica aventura, por la cortesía del Gral. Porfirio Díaz, jefe de la resistencia republicana en el sur y el este del país: 200 fallecieron en los pocos enfrentamientos en los que participaron (eran una bola de jóvenes zapateros, carpinteros y demás sin mucha preparación militar), 400 se reintegraron a los oficios que tenían en su natal Bélgica, al desertar del ejército (dejaron de recibir su sueldo) o al caer prisioneros muchos de ellos tras lafallida batalla de La Loma, en la Tierra Caliente de Michoacán.

Los 400 restantes -según se registra- se cambiaron de bando, se unieron al parecer a las atractivas tropas del joven Gral. Porfirio Díaz (de 36 años en ese entonces, con 36 victorias en su haber).

Dice Pepe Uhlig Gómez: “Es aquí donde ya me cuadra la ecuación de la abuela Elisa Plouvier, quien me narró que a finales del siglo XIX, en tiempos de la Pax Porfiriana, llegaron al rancho de La Trinidad, en el municipio de Tumbalá, Chiapas, un grupo de militares del 27o Regimiento del Ejército Republicano, entre ellos el Teniente Miguel Gomez Tobías, Pedro Plouvier y Eleazar Lopez.

Miguel Gómez Tobias, llego con su familia (su hijo, mi bisabuelo Miguel Gómez Ovalle, de Agua Blanca, Veracruz).

Pierre Plouvier llegó con su hija Elisa (niña) sin su mamá... a quien depositó en una casa de pupilas, donde Eleazar Lopez, militar poblano, también encargó a Gudelia y Maria Navarro Lopez... sobrinas de éste, huérfanas de la hermana.

Elisa y Gudelia crecieron juntas y mantuvieron una muy estrecha amistad hasta el final de sus días.

Narra Pepe Uhlig Gómez: “Elisa Plouvier se casó con Miguel Gómez (abuelos de mi mamá, Jovita Gómez Arévalo, y el tío Lalo, Miguel, Mario, Pancho, Lupita y Blanquita). Gudelia Navarro se casó con el migrante alemán Ernst Uhlig (abuelos de mi papá, Óscar Uhlig). Así siguen relacionándose en el tiempo a través de mis descendientes, estos tres militares llenos de historia.... la cual a traves de Porfirio Díaz, también se conecta a la línea materna de mi papá (Kanter McKenney) de Comitán... con don Jose Pantaleón Domínguez, hermano de la Tatarabuela comiteca de tu viejo tío Tsekub (como le decía tu hermano Pepe a mi papá o tu, no recuerdo quién de los dos le decía así), Quirina Domínguez Román de McKenney. Es muy interesante, tomando además en cuenta que contaban con la información básica, y era para muchos poco creíble, porque de la Expedición Belga no se registró mucho o casi nada en México o en los documentos históricos del 2° Imperio.

Fue hasta el 2010 que la maestra Angela Moyano fue a Bruselas y encontró diarios de los militares que regresaron y muchas historias sobre estos en su aventura mexicana.

Un dato curioso que a mí me impresionó, recuerda Pepe Uhlig Gómez:

-Mi mamá se sabía una cancioncilla que segun ella, la abuela Elisa le cantaba de niña y se la había enseñado su papá (Pedro Plouvier). Entonces mi mamá pensaba que era francés:

-“Maximiliano, no te fidare

ritorna al puerto de Miramare".

En realidad -lo supe años más tarde- se trataba de una cancioncilla que se publicó en un "Pasquín" italiano y que aparece en el libro de Carlos Tello, que le hicieron a Maximiliano cuando Austria tenía los conflictos de Lombardía y el Veneto, donde gobernaba Maximiliano: “Massimiliano [decía], non ti fidare, torna al castello di Miramare”.

Carlota Sajonia-Coburgo-Gotha y Orleans, Princesa de Bélgica, Emperatriz de México, salió de Veracruz en 1867, a la edad de 27 años, ya medio trastornada... y murió de 87 años, en 1927, después de la 1a Guerra Mundial. Sobrevivió 60 años al Imperio.

Una de las dudas de mi sobrino sigue siendo: ¿Habrá estado tan loca durante tanto tiempo o estamos uniendo los desajustes emocionales de la muerte de Maximiliano y la expulsión de lo que ella creía su destino en México? ¿O vivió en el castillo de Miramar una ‘demencia senil’, natural, que la hacían remontarse a su gloriosa época de emperatriz? Hay que recordar -dice Pepe Uhlig Gómez- que Carlota sobrevivió a su hermano, al imperio Austriaco, al Porfiriato (posterior al imperio), y a las revoluciones del SXX.

Creo -dice mi sobrino Pepe Uhlig Gómez- que falta conocer mucho de mamá Carlota, el tierno amor de Vicente Riva Palacio, Fernando del Paso, Angela Moyano, Martinez-Belli y Carlos Tello, quienes se han tomado en serio y de manera profesional la historia. De ellos son realmente los créditos.

El libro de bolsillo de Carlos Tello de hace 2 años MAXIMILIANO y la Novela de Laura Martínez Belli, CARLOTA.

delejosmx@yahoo.com.mx