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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

H. Congreso del Estado de Chiapas

Crónica

Categoría: Portada | Colocada por: ASICH | Fecha: 05-05-2018 | [Imprimir]
Los mandiles que arrancan porras

Angel Mario Ksheratto

Las locatarias, son mujeres de cuidado… «¿Qué es esa ruidazón allá fuera, pues?», pregunta una a la otra, que disimula indiferencia. «No sé qué madres será —responde al tiempo que sacude con un trapo, las sandalias que tiene en venta—… Debe ser alguno de esos güevones que quieren ser alcalde o diputado.
—Sí pues… Nomás vienen a quitar el tiempo.
—Y a ofrecer pendejadas. ¡Quesque un mandil regalan los mampo!
—Sí pués, ¡pa’ qué puta! ¡Paga trajieran los pitudos ésos!
En la explanada del mercado “Los Ancianos”, se arremolina la avanzada del candidato visitante. Exfuncionarios de medio pelo en la administración del exgobernador Juan Sabines Guerrero, que dejaron al PRI para irse al PRD y cinco años después se “pintaron” de verde para apoyar a Manuel Velasco Coello, hablan por celular y reparten largos abrazos.
Algunos locatarios se paran en las entradas y preguntan quién será el distinguido político que ha dejado sus más altos deberes para solazarse con la plebe y de paso, comer alguna fritanga que, por cierto, las de éste mercado, son las más apetecidas por los tuxtlecos y quienes vienen de otras partes del estado y del país.
—Debe ser un “cacagrande”, porque trajo harto palero —conjetura un hombre regordete que, por el mandil de cuero, da la impresión de ser uno de los carniceros—.
—Y trae mucho guarura —secundó un chaval que utilizaba la mano derecha a modo de visera, para alcanzar a distinguir entre la masa de gente, al candidato, que todavía no llegaba—.
Contrario a otros eventos, los hombres de guayabera blanca, pantalón oscuro y lentes para el sol, se mostraban afables; no empujaban a nadie, sino que pedían a los concurrentes —con voz casi sacerdotal—, hacer una valla humana para que el candidato, pasase sin mayores contratiempos. «Es que tiene otros eventos y no queremos que se retrase», explicaban con mirada de ruego, de una súplica inusual en ellos, acostumbrados a atropellar, maldecir y amenazar a la gente.
Un desfile de camionetas negras arribó, por fin, a la entrada principal del mercado. La testa —advirtiendo indicios de calvicie— de Roberto Albores Gleason, fue lo primero que se vio al abrirse la puerta. Los primeros que se plantaron en su camino, fueron los periodistas. Lluvia de preguntas. La mayoría, relacionadas con su propuesta económica, que, todo así lo indica, será el platillo fuerte desu campaña que inició el pasado domingo en Tapachula.
Que las zonas económicas especiales será su prioridad; que empoderará a los productores. Que buscará mecanismos efectivos para el fortalecimiento de la microeconomía, que garantizará medidas paralelas para proteger a los productores y que la salida de Enrique Ochoa Reza, como dirigente nacional del PRI, no afectará su campaña.
Atrás de los periodistas, un grupo de mujeres, exigía poner fin a la entrevista banquetera. «¡Queremos ver al candidato! ¡Déjenlo pasar!», gritaban. Más allá, en la rampa para discapacitados, algunas locatarias reclamaban a una que parecía ser la lideresa de ellas, el no haberles invitado a recibir al aspirante de la alianza PRI-PVEM-PANAl y dos chiquitillos. De pronto, los reclamos cesaron.
—¡A la bio, a la bao, a la bim bom bá, Roberto, Roberto, ra, ra, raaaaaaaa! —se escuchó del grupo de mujeres que habían acorralado a la mujer de playera roja y falda blanca (¿o eran pantaloncillos?) y que debió ser su dirigente.—
Las dos que aparecen al principio de éste relato, las más entusiasmadas. Querían la foto del recuerdo; la exigían; se peleaban por estar cerca, abrazar y dar un beso al candidato. «Está bien papasote… Por éste sí voto, aunque robe».
Azorados, Rubén Zuart, Fabián Estrada de Coss, Luvia Aceituno, los dos últimos, candidatos a una diputación, intentaban empujar al candidato para que alcanzase su objetivo final: los comedores del mercado. La muchedumbre no cedía. Nadie escuchaba lo que Albores Gleason decía. La batucada imprudente, no dejaba de sonar sus cueros.
Tacos de frijol con queso, pozole, quesadillas, mojarra frita, barbacoa, chiles rellenos, pollo juchi y como bebidas, agua de tamarindo, horchata y posol. Roberto Albores, optó por lo primero, para saciar el hambre.
Aquellas dos mujeres, poco a poco se alejaron de la concentración con un mandil y una gorra. Iban locas de contentas