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En la Mira

Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 07-03-2018 | [Imprimir]
Héctor Estrada

Velasco y el uso electorero de la dignidad femenina


Tras casi seis años de administración y a sólo unas horas de conmemorarse el Día Internacional de la Mujer, todo parece confirmar que la principal carta de “atención” a ese importante sector social durante el actual gobierno sólo se trató del uso indiscriminado a la
dignidad de miles de madres solteras chiapanecas, utilizadas y condicionadas para llenar eventos y urnas electorales mediante programas asistencialistas.
El supuesto zafarrancho suscitado este martes en el municipio de Venustiano Carranza no puede generar otra cosa que vergüenza e indignación desde cualquier ángulo en el que se quiera observar. Se trató de otra entrega más del programa Bienestar Salario Rosa, encabezada por Velasco Coello, que terminó en senda confrontación entre beneficiarias y personal de seguridad debido al incumplimiento en la entrega de los recursos prometidos.
Les mintieron y las hicieron permanecer a la espera, bajo el sol, hasta que terminó el evento gubernamental… Y las opiniones sobre lo ocurrido o las razones por las que alguien puede solapar tremenda manipulación abren espacio a debates interminables. Sin embargo, lo que resulta imperdonable es el accionar de un gobierno sin perspectiva de género y muy lejano a las políticas de dignificación femenina que sólo pregona como simples líneas discursivas.
El programa Bienestar Salario Rosa fue creado y operado inicialmente por la controversial Sasil de León Villard durante su paso por la Secretaría para el Desarrollo y Empoderamiento de las Mujeres (SEDEM). Salario Rosa (antes Bienestar, de corazón a corazón) es el mayor ejemplo de lo que la SEDEM ha hecho con los recursos públicos que deberían destinarse al verdadero desarrollo y empoderamiento de las mujeres en Chiapas.
Se trata de un programa asistencialista al que se le destina anualmente un presupuesto aproximado de 240 millones de pesos, transformados en “apoyos” económicos (de 500 pesos) o despensas para manipular, condicionar o abusar de alrededor de 40 mil madres solteras de escasos recursos, empadronadas bajo una clara estructura electorera, usual de las viejas prácticas partidistas.
De manera indiscriminada, la SEDEM, bajo el control operativo de las hermanas De León Villard, se ha encargado de reclutar a líderes de sector en diversas colonias, barrios y ejidos de Chiapas para formar grupos de mujeres (madres solteras o no) a quienes se empadrona con copia de credencial de elector y demás datos confidencias para su fácil ubicación. La única condición para seguir recibiendo el “apoyo gubernamental” es acudir a los eventos que se les diga y garantizar votos durante los comicios.
Para la Secretaría para el “Desarrollo y Empoderamiento de las Mujeres”, como dependencia ejecutora de las políticas públicas de género, las mujeres en Chiapas son hoy por hoy simples votos a disposición o bloques de relleno para eventos gubernamentales. Se ha convertido en un organismo estatal dispuesto a negociar con la dignidad y la necesidad de un sector social que, se supone, debería defender e impulsar para su desarrollo integral.
Salario Rosa es actualmente la antítesis más vergonzosa e indignante de la dignificación femenina en Chiapas. Porque no sólo lucra con la necesidad de miles de madres solteras, sino también desperdicia presupuestos millonarios que bien podrían ser utilizados en programas que las integren a la actividad económica estatal, potencialicen sus capacidad y atiendan de manera inteligente la grave crisis financiera en la que muchas viven a diario… así las cosas.