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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

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EDUCAR

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 19-11-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

LOS HÁBITOS. APRENDER A HACER PARA SER INDEPENDIENTE III


El primer paso en la creación del u hábito de compartir responsabilidades es enseñar a nuestro hijo a no dar más trabajo del que ya existe en la casa

Hacerse cargo de sus propias cosas debiera ser natural para el adolescente: hacer su cama, mantener su cuarto y sus cajones ordenados, no entrara a la
casa con sus pies enlodados ni dejar el baño inundado o los trastes sucios en la cocina.
Si el adolescente no es capaz de ocuparse de sus asuntos, retrasa el desarrollo de sus capacidades y su marcha hacia la independencia.
Cuando servimos a nuestros hijos y les solucionamos lo que ellos podrían realizar, pues es más cómodo y más rápido hacerles todo, les quitamos ala oportunidad de madurar, de descubrir sus capacidades y de sentirse autosuficientes y útiles.
El adolescente ha de tener claro que ser miembro de una familia implica obligaciones y derechos, que ayudarnos unos a otros no sólo facilita el cuidado de la casa, sino crea armonía entre todos.

Para facilitar la colaboración del adolescente es útil establecer de común acuerdo un programa de actividades y seguir ciertas pautas

-Invitar a nuestro hijo a participar en la selección de sus actividades diarias, semanales, etcétera. Las tareas pueden intercambiarse cada mes entre los miembros de la familia de modo que nadie sienta que otro es favorecido. Realizar acuerdos claros y detallados y fijar una consecuencia cuando no se cumplan.
-Evitar las órdenes. A los adolescentes les molesta que los mandemos. En vez de decir : “Baña el perro”, podemos usar frases afirmativas que describan hechos, proporcionen información y no den lugar a enfrentamientos: “El perro ya necesita un baño. La tina roja está en el patio junto con el jabón”
-Mientras menos hablemos mejor. A veces basta una sola palabra para recordar al adolescente su obligación: “La puerta” “ Los pollos” la mesa. Ël ya sabrá que hacer:
-Una nota cariñosa es una manera agradable de comunicarnos: “Después de ver la televisión, hay que apagarla. Gracias. Tu mamá” “Ya sé que es tiempo de exámenes, pero tu compromiso de esta semana es regar las plantas- ¿Quieres que lo hagamos juntos? Tu papá”
- Si nuestro hijo tiene alguna dificultad para realizar su quehacer, podemos analizar la situación, ayudarlo, pero no acostumbrarnos realizar las tareas por él. Si lo hacemos, acabará por no esforzarse.
-Valorar su intención y su buena disposición más que los resultados, Si no dejó la habitación tan limpia como esperábamos, pero se ha esforzado, hay que apreciarlo. El respeto y el reconocimiento motiva al adolescente a continuar colaborando.
Las tareas domésticas del adolescente no deben interferir con su tiempo de estudio o tareas escolares; tampoco con su descanso, diversiones o encuentros con los amigos

Si nuestro hijo está invitado a un paseo o a una reunión, hemos de permitir que asista y apoyarlo para que distribuya su tiempo adecuadamente y no se pierda de las actividades que son importantes para él.
Hay que tener cuidado de no imponer al chico o chica obligaciones para las que todavía no están maduros. Él o ella no tienen porque reemplazarnos en tareas que nos corresponden como padres: hacer las compras, atender a los hermanos pequeños, cocinar para la familia. A veces es necesario pedir apoyo al adolescente, ya sea porque la madre tiene un empleo fuera de casa o porque el trabajo doméstico es excesivo, pero debemos tener presente que es sólo una ayuda y que en ningún caso nos libera de nuestras responsabilidades de adultos.