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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 11-09-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

EL NOVIAZGO II


Hacia el final de la adolescencia, el noviazgo se convierte en una experiencia decisiva
En el noviazgo, los adolescentes encuentran sensaciones nuevas que los hacen sentir
especiales; descubren que tienen muchas cosas en común con su pareja; disfrutan una intimidad hasta entonces desconocida, se sienten seguros uno con el otro, desean tomar decisiones compartidas y se echan de menos si se separan. Manifiestan su amor por medio de cartas, besos, palabras, caricias y ansían expresar físicamente la ternura a medida que crece su atracción sexual.
Para el adolescente es importante saber que la intensidad de sus sentimientos es normal, necesaria y maravillosa, que tiene derecho a vivir esas sensaciones, pero también que debe hacerse responsable de ellas. El noviazgo pone aprueba su capacidad de dar y recibir, de practicar los valores que le fueron inculcados en el hogar y de respetar los de su pareja. Estas experiencias marcan el camino que más tarde lo conducirá al amor maduro.
Para los padres, el noviazgo de nuestro hijo o hija puede resultar inquietante
El noviazgo es una muestra clara de que nuestro niño ya creció. Al verlo enamorado, nos asaltan sentimientos de toda clase: preocupación, alegría, dudas y miedos. Es necesario explorar nuestras emociones y tener claras sus causas y sus razones.
Si no nos gusta la pareja que ha elegido, deberemos averiguar por qué nos desagrada: si se trata de un prejuicio, si nos sentimos desplazados y la vemos como un rival, si nos inquieta su conducta y consideramos que representa un riesgo para el bienestar y seguridad de nuestro hijo o hija.
Tenemos que saber cuándo, como y hasta que punto intervenir en sus relaciones. Nuestro papel puede ser decisivo: si optamos por una actitud de intrusión o intransigencia podemos perder autoridad ante el adolescente y crear una distancia que dificulte la comunicación, provoque su rebeldía y lo ponga en mayor riesgo. Si lo descuidamos y renunciamos a nuestra responsabilidad de guiarlo y poner límites, se sentirá desatendido, inseguro y tal vez se verá sometido a una presión exagerada y obligado a tomar decisiones para las que no está preparado.
Una actitud de compañía y confianza resulta más eficaz. Llegar a un acuerdo, a través del diálogo, acerca de los permisos, horarios y circunstancias en las que es prudente encontrarse con su pareja, lo llevará paulatinamente a ganar más independencia y seguridad.
El tema que más preocupa a los padres en el noviazgo de nuestro hijo o hija es el aspecto social.
La sexualidad del adolescente evoluciona hacia la búsqueda de satisfacción plena. Este proceso toma su tiempo y depende del grado de intimidad del vínculo, de la permisividad del entorno, del tipo de educación y la actitud y cercanía de los padres.
El mayor temor es que nuestro hijo se inicie en una actividad sexual sin contar con la madurez emocional ni la autonomía para asumir las consecuencias. Un embarazo no deseado, un matrimonio a edad temprana o la amenaza de una enfermedad son los miedos más comunes.
Ante este panorama, es indispensable fomentar la confianza y comunicación entre padres e hijos y propiciar una buena educación de la sexualidad para que el adolescente tome conciencia y se haga responsable de sus actos.



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