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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 04-09-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

EL NOVIAZGO

A raíz de la pubertad, niños y niñas “descubren” el sexo opuesto


El adolescente comienza una nueva y apasionante etapa en la cuál realizará importantes
aprendizajes y necesitará nuestro apoyo con la mayor discreción y respeto hacia sus sentimientos.
Los primeros encuentros entre niñas y niños se inician cuando se reúnen en grupos y quieren impresionarse mutuamente. Al principio, sus relaciones son superficiales, se coquetean como una manera de probar y probarse, de experimentar y aproximarse. Por lo general, les da vergüenza aceptar su atracción por alguien del sexo opuesto, así que los contactos se reducen a risas, sonrojos, confidencias y miradas.
En la etapa de la secundaria, el adolescente no suele tener la suficiente madurez emocional para comprometerse en una relación de noviazgo. Le vienen mejor las relaciones más libres en las que muchachas y muchachos salen en grupo, platican, comparten intereses y lecturas, oyen música y val al cine. Estas actividades le dan la oportunidad de conocer a distintas personas del sexo opuesto.
Tarde o temprano surge el enamoramiento
Los amores platónicos son muy frecuentes en esta etapa. Puede ser que el adolescente se enamore de una maestra, o la chica, del escritor que dio una conferencia y le firmó un ejemplar de su libro.
Un poco más tarde aparece el primer flechazo por alguien “real” y la pareja se convierte en el foco de atención. Todo se proyecta hacia él o ella; lo demás pasa a segundo plano si no es compartido por el otro.
El enamoramiento es una especie de revolución, una experiencia maravillosa. El adolescente vive su primer amor con intensidad y pasión, como todo lo demás. No puede pensar en otra cosa, pierde el apetito- o muestra una hambre voraz- experimenta ansiedad, palpitaciones, enrojecimientos; le cuesta trabajo concentrarse y actuar, pero se siente motivado y con gran energía para todo lo se relaciona con su amado o amada.
Comprendamos el ímpetu con que se entregan a estas relaciones iniciales y no las tratemos como tonterías o caprichos.
El adolescente vive una etapa apasionante, llena de ilusiones, que puede convertirse en una gran oportunidad para estrechar lazos con él, fortalecer su confianza y hacerle sentir que nos importa lo que le sucede.
Un asunto que conviene tomar en cuenta es el cambio frecuente en las relaciones afectivas de algunos adolescentes: “¿ Y Juan José?” “Ya terminé con él ahora salgo con Matías”
En realidad lo que consideramos inestabilidad podría llamarse búsqueda. El adolescente está en proceso de descubrirse a sí mismo y suele involucrarse en relaciones de diversa intensidad y compromiso como parte de este proceso. Sin embargo, las rupturas pueden llegar a ser muy dolorosas para él o ella, causarle una sensación de vacío y una tristeza que invaden toda su vida. No querrá hablar, perderá el apetito, se resistirá a ir a la escuela o a salir con los amigos.
A los padres nos corresponde respetar su silencio y darle comprensión y apoyo. Si él quiere compartir su pena con nosotros, hemos de escucharlo y reconocer sus sentimientos sin hacer preguntas. Sin dar opiniones o consejos ni juzgar o criticar a nuestro hijo; o a quién fue su pareja.
Lo que él necesita es hablar para aclarar su confusión, entender lo sucedido y definir su responsabilidad en la ruptura. Nuestra escucha puede ayudarlo a enfrentar la experiencia y a identificar aspectos de sí mismo que desconocía.
En caso de que la depresión se vuelva crónica y obstaculice su desempeño escolar o su vida social, es recomendable consultar a un profesional.


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