Menu:

Buscar por fecha:

<   agosto 2017   >
DomLunMarMieJueVieSab
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Buscar:

Patrocinios:

Universidad Tecnolog�ca de la Selva

Partido Acci�n Nacional - Chiapas

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Universidad Intercultural de Chiapas

SAGARPA

H. Congreso del Estado de Chiapas

Poder Judicial del Estado de Chiapas

EDUCAR

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 06-07-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

RESPETO A LA PRIVACIDAD Y ACTIVIDADES EN FAMILIA II


El desarrollo de la identidad exige momentos de aislamiento e intimidad personal
Los adolescentes precisan tiempo para ellos, ratos de soledad tirados en la cama o en un
sillón, mirando al techo, sin hacer nada; momentos para dialogar internamente, elaborar su mundo, rondar su propio yo.
Los padres debemos respetar la privacidad de nuestro hijo: no interrumpir, no espiar, no preguntar. Escuchar furtivamente las conversaciones del adolescente, revisar sus cajones, leer sus cuadernos, su diario, las cartas o notas de sus amigos son falta de respeto que levantan una barrera en la comunicación. Con estas prácticas podemos obtener cierta información, pero a un costo muy elevado: el resentimiento de nuestro hijo, un mayor recelo y distanciamiento. Debemos hacer una excepción cuando existan razones de peso para suponer que nuestro hijo está involucrado en actividades de riesgo como drogadicción, alcoholismo o violaciones a la ley. En este caso es más importante su seguridad que la privacidad.
Para encontrarse a sí mismo, el adolescente necesita, además de privacidad, una vida familiar segura y agradable
Si hasta ese momento no hemos pasado tiempo con nuestro hijo, no es demasiado tarde para hacerlo; los cambios de la adolescencia nos ofrecen una nueva oportunidad de compartir momentos gratos. Conviene comenzar a establecer la clase de relación que quisiéramos tener con nuestro hijo cuando sea adulto: favorecer el respeto y apoyo mutuo y la capacidad de divertirnos juntos; propiciar pláticas informales sobre los asuntos que a él le interesen: la música, los artistas, las películas, la política, la moda o el futbol, compartir actividades como andar en bicicleta, caminar, correr, ir al cine y hacer ejercicio.

Compartir aficiones suele ser un lazo de unión entre los padres y los hijos adolescentes: construir algo juntos, hacer carpintería o jardinería, cocinar, formar una colección, practicar algún deporte, visitar lugares interesantes.
Leer juntos un libro en voz alta nos pone en contacto con temas que difícilmente tocamos en la convivencia cotidiana, nos da material para conversaciones más profundas y oportunidades para conocernos mejor. Al compartir opiniones respetuosamente, no sólo pasamos un rato agradable con nuestro hijo, sino que damos valor a sus ideas, incluso si son diferentes a las nuestras.
Un medio muy eficaz de convivencia familiar es organizar reuniones informales
Podemos reunirnos en familia y también invitar a familiares o a los amigos de nuestros hijos. En estas reuniones, las conversaciones suelen surgir natural y espontáneamente. No se trata de esperar siempre diálogos profundos, a veces las charlas superficiales, las sesiones de chistes, canciones, baile o juegos de mesa son momentos de gran unión.
Cuando logramos divertirnos juntos creamos vínculos estrechos y duraderos, y relaciones sanas y cordiales; cuando utilizamos el sentido del humor en la vida familiar, los adolescentes se sienten cómodos, aceptados y dispuestos a comunicarse. La risa nos ayuda a enfrentar las situaciones difíciles, a relajar las tensiones y a crear un ambiente positivo.
Las reuniones familiares nos dan la oportunidad de penetrar en el mundo de nuestros hijos. La única regla es que todos seamos sinceros y estemos abiertos a escuchar y aprender de los demás. Es posible que en muchos casos, quedemos sorprendidos por el nivel de madurez que pueden llegar a mostrar nuestros hijos.
Enriquecer la convivencia familiar facilita al adolescente el proceso de independencia, le ayuda a colocar con firmeza un pie en cada uno de sus dos mundos: el de la seguridad de la familia y el de la exploración de nuevos territorios.