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Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

H. Congreso del Estado de Chiapas

EDUCAR

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 08-06-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

ESCUCHAR A NUESTRO HIJO III

-No interrogarlo. Los sentimientos se sienten, no se piensan.


Es inútil preguntar a un adolescente: “¿Qué te pasa?” “¿Porqué lloras?” “¿Qué te
molestó?” Las preguntas agregan un problema al problema. Le pedimos que busque una explicación en un momento en que no puede pensar con claridad. A veces no sabe porque siente lo que siente, y si lo sabe, no siempre quiere decirlo.
Si solo lo acompañamos y tratamos de reflejar su sentimiento: “Me imagino que pasó algo que te hizo enojar”, nuestro hijo se sentirá comprendido y, cuando esté listo y quiera hacerlo, hablará con libertad.
- No exagerar nuestras expresiones. Si reaccionamos desmesuradamente: “¡Es algo terrible” “Pobre de ti, debes estar deshecho!”, nuestro hijo podría suponer que estamos fingiendo o bien sentirse abrumado por tener que cargar con nuestra aflicción además de la suya.
Para ayudarlo, tenemos que comprender sus emociones sin sentirlas nosotros también: permanecer serenos ante su dolor, inquietud o desánimo para comunicare seguridad.
- No tratar de reflejar sus sentimientos si son demasiados dolorosos o no está preparado para enfrentarlos. A casi nadie le gusta hablar de lo que le duele o le avergüenza. Un adolescente está aun menos dispuesto. Hay que saber respetar su silencio y nunca forzarlo ni invadir su intimidad.
- Darle la libertad de hablar hasta donde él decida y en el momento que esté listo, sin presionarlo para que nos cuente más de lo que quiere. Los padres debemos tener la paciencia ara esperar el momento oportuno en el que nuestro hijo esté listo para la comunicación,. Y él debe tener siempre la libertad de aceptar o no nuestro apoyo.
- Escuchar con interés y respeto lo que piensa nuestro hijo antes de dar nuestro punto de vista. Cuando el adolescente nos cuenta algo o expresa alguna opinión, lo que menos contribuye a la buena comunicación es que neguemos su percepción o descalifiquemos sus opiniones. Si por ejemplo, nuestro hijo se queja de su profesor “¡No es justo! El maestro de historia me bajó dos puntos en el examen porque contesté que la Revolución Mexicana o ha servido para nada” y nosotros respondemos “¿A quien se le ocurre decir que la Revolución no sirvió? Ni que fueras un experto en política. Tú no sabes como eran antes las cosas”, lo más probable es que nuestro hijo se sienta herido y quizá no vuelva a compartir sus ideas con nosotros. Cuando tratamos de convencer a un adolescente de que está equivocado, el mensaje que recibe es que él es ignorante y poco inteligente. Y lo peor es que puede llegar a creerlo. Es mejor no discutir con él, simplemente decir: “¿Por qué piensas eso de la Revolución? Platícame como llegaste a esa conclusión”-
- -Cuando el adolescente haya expresado sus ideas, podemos citar sus palabras en forma de pregunta para asegurarnos de que entendimos bien: “Lo que entendí es que…” “ Tu piensas que…” Y después darle nuestro punto de vista. “Yo considero que…” “Mi opinión es distinta…” De esa manera nuestro hijo podrá aceptar que no estemos de acuerdo con lo que él piensa y tal vez ambos aprendamos algo nuevo y podamos enriquecer nuestro pensamiento y nuestra comunicación.
Una cosa es leer ejemplos resumidos de posibles conversaciones con un adolescente y otra tener a nuestro hijo enfrente reclamando a gritos sus “derechos”
No podemos esperar que estas sugerencias funcionen desde la primera vez que las aplicamos. Quizá, al probarlas, nos sintamos incómodos haciendo algo a lo que no estamos acostumbrados, nos parecerá poco natural, y el adolescente puede desconfiar de nosotros y resistirse a este tipo de diálogos. Algunas veces sus reacciones y respuestas no se parecerán en nada a lo que hemos leído, otras no lo entenderemos ni se nos ocurrirá que decirle. Pero a medida que practiquemos, nuestra sensibilidad se irá desarrollando y será cada vez más fácil ayudarlo. Es probable que nuestro hijo responda de manera positiva si percibe nuestro interés sincero.
Necesitamos mucha paciencia_ con nuestro hijo y con nosotros_ constancia, respeto y aceptación, para mantenernos dispuestos a entenderlo, incluso en momentos explosivos, con una actitud amorosa y serena.

PRÓXIMO: LA COMUNICACIÓN COMO BASE PARA RESOLVER CONFLICTOS.