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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 29-05-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

ESCUCHAR A NUESTRO HIJO II

Dar un nombre a sus sentimientos


El adolescente siente consuelo al escuchar la palabra que describe lo que está
experimentando. Nombrar su sentimiento le ayuda a reconocerlo y entenderlo: “Me parece que te sientes desilusionado…” “Me imagino que estás preocupado…” Desde luego se requiere mucha práctica y atención para ver más allá de lo que el chico dice y para encontrar el nombre preciso de su sentimiento. No es lo mismo estar molesto que furioso, desengañado que frustrado, triste que angustiado. Para darle una respuesta adecuada, necesitamos ser sensibles a una amplia variedad de emociones y tener un vocabulario que nos permita describirlas; no tienen que ser palabras complicadas pero sí lo más exactas posible.
-Aceptar sus sentimientos sin juicio ni criticas. Evitar criticar, burlarnos o prohibir al adolescente que muestre emociones “negativas”
Nuestra hija puede llegar de la escuela y arrojar sus libros al suelo: “¡Ya no voy a ir al grupo de teatro! La maestra me dio el peor papel de todos”.
Si le respondemos: “¿No será por haber faltado a los ensayos? Tienes que ser más constante y responsable en lo que haces”, le damos a entender que no nos importan sus sentimientos, así es que dará un portazo y no intentará decir más.
En cambio, al darle señales de comprensión, como asentir con la cabeza o decir “Has de estar desanimada. Tu querías ese papel para el que habías ensayado. Que lástima que no puedas demostrar lo bien que actúas”, ella sentirá que reconocemos y aceptamos su sentimiento, y es posible que siga hablando hasta calmarse.
En realidad, nuestros hijos no necesitan que estemos de acuerdo con ellos. Incluso un juicio positivo como. “Tienes toda la razón”, no los anima a identificar sus sentimientos ni a buscar posibles soluciones.
-Ponernos en sus zapatos. Cuando el adolescente se siente comprendido y acompañado, él mismo entabla un diálogo en el que va encontrando soluciones al conflicto.
Cuando se queja: “Me desespera la maestra de geografía. No se le entiende nada”, una respuesta que puede crear hostilidad y malestar en nuestro hijo sería “ Lo que pasa es que no pones atención. Además si no estudias, es difícil que entiendas”
Lo apoyamos mejor si respondemos ”Que lástima que lástima que te sea difícil captar lo que dice tu maestra. Con algunos profesores hay que hacer más esfuerzo. Quisieras invitar a tus compañeros a estudiar o que yo te ayude a aclarar algún tema?” No evaluamos a la maestra ni a nuestro hijo, simplemente describimos la situación.
-No ser demasiado “comprensivos”. El adolescente siente que sus emociones son únicas, que nadie ha sentido lo mismo que él. Lo enfurece oírnos explicarle con voz de expertos: “Ah, sí, eso es normal. A todos nos ha pasado. Cuando yo tenía tu edad…” Le parece un insulto que lo consideremos tan poco original.
-No permitir que al mostrar sus sentimientos, nuestro hijo lastime y falte al respeto a otras personas. Reconocer y expresar lo que sentimos es útil y necesario, pero no debemos convertirlo en conductas que hagan sufrir a otros. Está bien cualquier emoción, pero no cualquier acción; somos responsables de lo que hacemos.
Para el adolescente es indispensable saber manejar sus emociones, expresar la tensión y el enojo sin herir, pues eso le ayudará a establecer relaciones sanas y afectuosas con los demás.
-Recordar que detrás de la ira siempre hay otro sentimiento. Tratemos de averiguar qué está detrás del enojo de nuestro hijo: ¿Se siente solo, confuso, herido, inseguro? ¿Tiene miedo?
Necesitamos observarlo y escucharlo con atención hasta encontrar la razón por la que está enojado para darle3 lo que necesita: compañía, consuelo o confianza.
La ira, como otras emociones fuertes, necesita canalizarse para evitar que se desborde y se vuelva destructiva. Por eso es tan importante reconocerla, aceptarla, expresarla de manera adecuada y comprender su origen.
-No darle consejos o sermones. “En mis tiempos…” es una frase que acaba con la comunicación. Nuestros tiempos no son los mismos que los de nuestro hijo, sus circunstancias y sus problemas son diferentes.
“Lo que debes hacer es…” es otra frase que cierra la comunicación. El adolescente quiere que sepamos cómo se siente, no que le demos la receta para solucionar su problema, simplemente quiere ser escuchado para escucharse a sí mismo, aclarar sus emociones y decidir cómo resolver el asunto a su manera.

PRÓXIMO: NO INTERROGAR A LOS ADOLESCENTES