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EDUCAR

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 22-05-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

ESCUCHAR A NUESTRO HIJO

Necesitamos aprender a escuchar, a escuchar de verdad


Los adolescentes no suelen estar muy dispuestos a compartir sus ideas y sentimientos con
los padres, pero cuando desean hacerlo son especialmente sensibles al tipo de atención que les damos. Es importante saber aprovechar las oportunidades de comunicación cuando se presentan, pues si nuestro hijo percibe que nos interesamos y valoramos sus asuntos, se sentirá apreciado y confiará más en nosotros.
Desde luego, escuchar a nuestro hijo no significa dedicarle todo nuestro tiempo, olvidar nuestras necesidades o descuidar los aspectos prácticos de la vida, pero sí estar presentes y ofrecerle toda nuestra atención durante el tiempo que estemos con él.
Mantener una comunicación abierta con nuestro hijo requiere, además de nuestro amor e interés sincero, la práctica de ciertas habilidades
Aquí se presentan algunas sugerencias que a algunos padres les han dado resultados útiles. Podríamos probar algunas de ellas y observar qué sucede, como cambian los sentimientos de nuestro hijo o hija- y también los nuestros- y cómo se modifica nuestra comunicación:
- Dejar de hacer cualquier cosa mientras hablamos con él. Mirarlo a los ojos, concentrarnos en lo que nos dice. Que él sepa que sus alegrías, tristezas o enojos son importantes para nosotros.
Cuando estemos ocupados, debemos valorar si nuestro hijo requiere una atención inmediata o puede aplazar la conversación. Si es así, podemos decir: “Dame diez minutos y enseguida estoy contigo” y después de ese tiempo atenderlo y agradecer su paciencia y su capacidad de espera.
-Cuidar el lenguaje de nuestro cuerpo. Cruzar los brazos y las piernas, levantar las cejas, mirar hacia arriba, fruncir la boca significa que estamos cerrados a lo que nos comunica: En cambio expresiones como: “Aja”, “Si”, “Mmm”, “ Ya veo”; inclinarnos hacia él, asentir con la cabeza, tocarlo y abrazarlo o mostrar una postura que le indique “ Te estoy escuchando”, lo invita a confiar en nosotros.
Si su emoción es muy intensa, el adolescente puede preferir que lo dejemos solo o que nos quedemos en silencio junto a él, simplemente acompañándolo.
-Ser sensible a los mensajes corporales de nuestro hijo. Si observamos con cuidado su mirada, la expresión de su rostro, su forma de caminar, podremos darnos cuenta de lo que está sintiendo. “Tu voz suena triste, ¿quieres hablar de eso?”, “Tu gesto me hace pensar que algo te molesta, ¿puedo hacer algo para ayudarte?
Los adolescentes dan señales que indican qué tan cerca nos quieren. Puede ser que en un momento necesiten que estemos presentes, pero en otro prefieren mantenernos a distancia. Es importante entenderlos y respetarlos.
-No negar o descalificar los sentimientos del adolescente. Mientras más tratamos de alejar sus emociones diciéndole : “No es para tanto”, “No llores”, “No te enojes”, menos podrá manejarlas y superarlas. Por ejemplo; si en la mañana nos dice que está agotado y no quiere levantarse para ir a la escuela, podríamos reclamar: ¡Si dormiste diez horas! Nadie puede estar cansado a esta hora”. O bien, aceptar su sentimiento: “Que difícil es despertar tan temprano, sobre todo cuando todavía está oscuro. Que lástima que no sea domingo para poder quedarte en la cama otro rato”.
- No restar importancia a lo que le sucedió o hacer falsas promesas: “No te preocupes, eso nos pasa a todos. Seguro que la próxima vez te irá mejor” “ No estés triste, ya verás que mañana vuelven a ser amigas” “No es para angustiarse tanto por un partido, ni que fuera el campeonato mundial”.
Con este tipo de comentarios pretendemos tranquilizar al adolescente; sin embargo, lo que el suele percibir es que sus dificultades no nos interesan y que son poca cosa en comparación a las nuestras.


PROXIMO: DAR UN NOMBRE A SUS SENTIMIENTOS