Menu:

Buscar por fecha:

<   octubre 2017   >
DomLunMarMieJueVieSab
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031    
Buscar:

Patrocinios:

Universidad Tecnolog�ca de la Selva

Partido Acci�n Nacional - Chiapas

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Universidad Intercultural de Chiapas

SAGARPA

H. Congreso del Estado de Chiapas

Poder Judicial del Estado de Chiapas

EDUCAR

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 15-05-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

La comunicación autoritaria se vuelve agresiva si nos lleva a ofender, a utilizar gritos,
palabras hirientes y hasta golpes para controlar a nuestro hijo. Estas conductas pueden causarle daños graves, además van creando hostilidad y resentimiento en contra nuestra.
La comunicación pasiva se da cuando evitamos cuando evitamos intervenir en cuestiones conflictivas o difíciles con el fin de evitar roces o problemas. Al renunciar a la autoridad perdemos el respeto de nuestro hijo y lo hacemos sentir inseguro, pues no le damos la enseñanza y el apoyo que aún requiere. Desentendernos de nuestro hijo en uno de los momentos críticos de su desarrollo es un riesgo para su seguridad.
Una manera muy destructiva de ser pasivos es ignorar al adolescente, ser distantes, decirle: “Haz lo que quieras” o “Allá tú”, comportarnos como si no tuviera que ver con nosotros. La indiferencia de los padres resulta muy dolorosa.
En la comunicación abierta exponemos nuestras ideas y sentimientos, y también consideramos las ideas y sentimientos de nuestro hijo: Elegimos el momento oportuno para expresar lo que queremos respetamos y nos damos a respetar. Una comunicación abierta hace posible el diálogo con nuestro hijo.
¿Cómo dialogar con un adolescente?
Dialogar con nuestro hijo no significa hacerle preguntas, suelen considerarlas como una intromisión en su privacidad o como una falta de confianza; sienten que les estamos pidiendo cuentas y rara vez contestan con algo más que una palabra:
“¿Te divertiste en la fiesta?” “si” “¿Con quién estuviste?” “Con mis amigos”. Esta reserva es normal, no significa que nos esté ocultando algo, simplemente no desea hablar con nosotros en ese momento, y aunque nos cueste trabajo aceptar su silencio, lo mejor que podemos hacer es no insistir. Por lo general, cuando llega de la escuela o de una reunión con los amigos, el adolescente necesita un tiempo para estar solo y asimilar los acontecimientos del día. Si le permitimos ese momento de aislamiento, es posible que después de un rato quiera reunirse con la familia. Entonces podemos propiciar la conversación, empezar por confiarle algo nuestro, hablar sobre las experiencias del día, sobre alguna idea, acontecimiento, libro o programa de televisión que nos interesó. La adolescencia de nuestro hijo es una buena época para revelarle quienes somos, cuáles han sido nuestros éxitos, fracasos, miedos y alegrías. Los adolescentes aprecian la honestidad de los adultos, aprenden más de nosotros si somos sinceros y vulnerables que si aparentamos ser perfectos. Platicar anécdotas de nuestra niñez o adolescencia, narrar nuestra historia, hablar de las lecciones que hemos aprendido y de nuestros sueños y planes para el futuro, es una invitación a conversar.
El respeto es esencial para una buena comunicación
Respeto no significa que estemos siempre de acuerdo, pero sí que nos escuchemos, que tanto padres como hijos expresemos ideas y sentimientos sin temor a ser rechazados o juzgados; pero también sin agredir o lastimar a los demás. A menudo, la falta de control del adolescente sobre sus emociones lo hacen irrespetuoso. Si queremos enseñarle a comunicarse, no debemos admitir conductas que ofendan a otros, pero tampoco ceder al impulso de responder con el mismo tipo de actitudes.
Cuando nuestro hijo se comporte de manera irrespetuosa, es necesario estar preparados para no reaccionar impulsivamente. Es mejor alejarnos y darnos un tiempo para calmarnos y tener claridad respecto a lo sucedido. Después, hablar con él claramente y sin emitir juicios: “Me hablaste en forma grosera y ofensiva. No puedo permitir que esto suceda. ¿Quieres decirme que pasa? No entiendo por qué reaccionaste así”
En lugar de contraatacar, podemos serenarnos, tratar de comprenderlo y darle un modelo de la conducta adecuada, al mismo tiempo que asumimos nuestra autoridad y marcamos límites.
No es fácil lograr este dominio sobre nuestras propias emociones, requiere un gran esfuerzo y un gran amor por nuestro hijo. El desafío es, por un lado, confrontar y corregir los comportamientos irrespetuosos, y por otro, entender y escuchar al adolescente.
La capacidad de comunicarse es uno de los aprendizajes más útiles que un adolescente puede adquirir
Una buena comunicación en la familia prepara al adolescente para establecer relaciones armoniosas con sus amigos, sus maestros y, algún día, con su pareja y sus propios hijos.
Comunicarnos sincera y afectuosamente con nuestro hijo crea lazos que nos unirán toda la vida; fomentar una relación cariñosa con él puede hacerle vivir su adolescencia como una de las mejores etapas de su existencia.
PRÓXIMO: ESCUCHAR A NUESTRO HIJO