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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 08-05-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

LA COMUNICACIÓN EN UN TIEMPO DE SENTIMIENTOS ENCONTRADOS


El adolescente suele vivir las emociones con una intensidad agotadora y pasar de un
extremo a otro en cuestión de segundos
Un simple comentario puede herirlo en lo más hondo, y una llamada telefónica darle la felicidad total. Si le va bien, todo es perfecto; si le va mal el mundo se hunde. Sus emociones suben, bajan, cambian y se desvanecen.
En algún momento, veremos que nuestro hijo se pregunta: ¿Quién soy? ¿Qué quiero hacer? ¿ Que sentido tiene vivir? Como no le es fácil contestarse, se angustia y se desespera; siente miedo, extrañeza y soledad, y como no se comprende así mismo, piensa que los demás tampoco lo entendemos.
Entonces , se encierra en su cuarto y no habla con nadie. Pero días después, cuando nuestra preocupación está llegando al tope, lo oímos cantar; abre la puerta, se sienta a cenar como si nada y platica alegremente de sus planes para el fin de semana.
Preparémonos para este tiempo de desequilibrio, inseguridad y dudas
Ante la instabilidad emocional de nuestro hijo, los padres a veces nos confundimos, y ante sus críticas y juicios nos sentimos vulnerables.
Es todo un desafío ajustarnos con serenidad a los vaivenes del adolescente. Por un lado nos exige que lo tratemos como adulto, pues quiere convencerse a sí mismo y al mundo entero que ha roto el cordón umbilical y es independiente, y por otro, tenemos que estar dispuestos, si ha tenido un día difícil, a abrazarlo y acompañarlo mientras se acurruca en la cama como cuando era pequeño. Los padres aún constituimos su principal apoyo.
A pesar de sus actitudes desafiantes y de sus intentos de distanciamiento, todavía ne4cesita nuestra ayuda y nos quiere cerca de él, seguros y serenos, para escucharlo y atenderlo.
Lograremos comprender mejor a nuestro hijo si recordamos que no hay sentimientos buenos ni malos
Los sentimientos nos sirven para relacionarnos con el mundo; sean agradables o dolorosos, cada uno tiene su valor, su utilidad y su significado.
Si somos capaces de permitir y aceptar la expresión de todas las emociones- con la única limitación de no destruir, lastimar o faltar al respeto- el adolescente encontrará en casa el sostén que lo fortalezca y lo guíe.
Si logramos crear un ambiente de comprensión y afecto en el hogar, le será más fácil exteriorizar lo que siente, entenderlo y manejarlo. Todo esto supone saber comunicarnos con él.
La comunicación no es un mero intercambio de palabras, sino un acto de confianza, sinceridad y entendimiento
Escuchar y hablar, dos tareas aparentemente sencillas, se encuentran entre las actividades humanas más complejas. Una buena comunicación se logra si escuchamos con atención e interés, y si hablamos con claridad y franqueza. Para comunicarnos tenemos que estar dispuestos a exponer honestamente nuestras opiniones, y también a aceptar puntos de vista diferentes.
También tenemos que estar conscientes de que todo comunica . Además de las palabras, existen otras formas de manifestar lo que sentimos: el tono de voz, gestos, ademanes, silencios y miradas. Es indispensable cuidar esta manera de comunicación, y tratar de que, junto con las palabras, expresen el mismo mensaje de manera coherente.
Existen varios estilos de comunicación, y quizá los hayamos usado todos, pero hay alguno que empleamos con mayor frecuencia
La comunicación autoritaria se da cuando tenemos miedo de perder poder y nos olvidamos de tomar en cuenta las razones y necesidades de nuestro hijo.
Cuando nos comunicamos de esta manera es común que demos órdenes: “Ya levántate”, interroguemos: “¿Que hiciste en toda la tarde?” amenacemos: “Ni creas que vas a salir si no te vistes decentemente”, aconsejemos; “ Deberías ser más amable con los vecinos” , critiquemos: “¡Eres un desordenado!” , demos sermones: “ La responsabilidad es la única manera de lograr algo en la vida” Este tipo de mensaje provoca un rechazo y una sordera instantánea.


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