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Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 21-04-2017 | [Imprimir]
Mario Tassías

En el ensayo de Rosa María Camarena Córdova, El trabajo de los jóvenes mexicanos hoy,
incluido en el libro Los jóvenes de hoy: presente y futuro (2013), se concluye que hay que recordar que para los jóvenes, los que tienen entre 18 y 30 años, el trabajo es mucho más que una forma de ganarse un sustento y de acceder a bienes y servicios.

Es de la misma manera, una vía de incorporación a la vida social; de posicionamiento y reconocimiento como miembro activo de la sociedad; de construcción y consolidación de una identidad propia; de demostración y desarrollo de sus potencialidades y capacidades de adquisición de independencia y autonomía; e incluso, de orientación y concreción de un proyecto de vida.

Sin embargo, puede decirse que en México y Latinoamérica es todavía precaria la visibilización y participación de los jóvenes en la formulación de políticas públicas sobre salud, sexualidad y derechos, además la tecnología digital resulta un espacio mucho más atractivo, plural y diverso que los medios de comunicación tradicionales.

Fernando Aguilar y Roberto García (2011), argumentan sobre el desencanto de los jóvenes en la política, del ejercicio del voto a las formas de organización, de la democracia y de otras formas de participación aún con las instituciones electorales. Recuerde que los jóvenes son los que menos votan.

Cuando se habla de participación en la vida pública, hay quienes consideran que la única forma válida de hacerlo es a través del voto en las elecciones con lo cual contraponen democracia participativa con democracia representativa, así lo apunta (Canto Chac, 2012), este autor analiza lo crucial que resulta la participación ciudadana para el desarrollo y asentamiento de las políticas públicas.
En México la discusión y los análisis sobre participación ciudadana han caminado con retraso respecto de América Latina: situación que pretende ser explicada, entre otros factores, por la persistencia del “antiguo régimen”, particularmente en la intención de controlar toda manifestación surgida de la sociedad, concluye el autor.

En su Informe de la encuesta “La cultura política de los jóvenes en México” Para el Instituto Federal Electoral (Gómez Tagle, Tejera Gaona, & Aguilar López, 2013), se destaca que la cultura política de los jóvenes está desfasada, por una parte, desconfían de los políticos y rechazan la intermediación como forma de solucionar los problemas, al mismo tiempo manifiestan predilecciones claras hacia los diversos candidatos, aun cuando no se preocupan por profundizar en las propuestas de cada uno de ellos.

Lo que se desprende en términos generales de la encuesta es que las redes familiares y sociales (no relacionadas con las TIC) juegan un importante papel en cómo se construye la percepción sobre los partidos, las instituciones electorales y el gobierno. El deterioro del entorno y la carencia de empleo se encuentran entre las preocupaciones más importantes, pero no asocian la solución de estos temas con la participación electoral, enfatiza el informe.

Muchas cosas en la actualidad son peores que hace una década y si vemos en retroceso y avizoramos el futuro, las cosas van de mal en peor. “La realidad es que hay mayor desarticulación social, hay mayor control de los medios de comunicación y hay una cancelación absoluta de la oposición. Ese es el problema central” (Ackerman, 2015).

Frente a este panorama, el trabajo para el joven, es algo más que la comida y la posibilidad de acceder a bienes y servicios; incorporarse a la vida social; posicionarse como miembro activo de una sociedad, construir una identidad propia y la posibilidad de desarrollar sus potencialidades y adquisición de independencia y autonomía. Un proyecto de vida, cuando algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud.