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Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 19-04-2017 | [Imprimir]
Mario Tassías

El término cultura política ha sido referido como personalidad, temperamento, costumbre,
carácter nacional o conciencia colectiva, entre otros que abarcan las dimensiones subjetivas de los fenómenos sociales, políticos, incluso económicos.

Cultura política es la percepción subjetiva que la población observa del poder y estructuran relaciones de dominio, sujeción, sometimiento, obediencia, pero asimismo, la resistencia y la rebeldía donde se instala la vida política.

Cultura política igual que cultura económica y religiosa, es un conjunto de orientaciones con relación a un sistema especial de objetos y procesos sociales, dicen Gabriel A. Almond y Sidney Verba en su libro “La cultura cívica. Estudio sobre la participación política democrática en cinco naciones” publicado en 1963, y considerado como el primer estudio sistemático sobre cultura política realizado en Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y México.

El estudio todavía vigente, distingue tres tipos de cultura política: Parroquial; Súbdito o subordinada y Participativa. De donde derivan composiciones de individuos vagamente conscientes, pasando por ciudadanos conscientes que se consideran subordinados del gobierno y hasta quienes tienen conciencia del sistema político nacional y están interesados en la forma como opera. El lenguaje popular llama de otra forma estas actitudes.

México es el país con el nivel más bajo, entre las cinco naciones, en cuanto a la frecuencia con que se atribuye importancia y significado al Gobierno y en las expectativas de sus ciudadanos respecto a un trato igualitario y considerado por parte de la burocracia y la policía, señalan en su análisis Almond y Verba.

Ha pasado más de medio siglo de aquel estudio, México ha avanzado en algunos aspectos de su cultura política. Muestra estancamiento en una sociedad que se contenta con individuos que vagamente están conscientes de las decisiones del gobierno. Otros llegan a suponer que desde el gobierno se toman las mejores decisiones para avanzar en procesos que se manifiestan en las elecciones. Por supuesto, que otros, participan bajo la condición de obtener beneficios para su accionar.

Es la cultura política, la que impulsa a los ciudadanos a ejercer sus derechos que en nuestro país, están expresados en la Constitución.

En las representaciones de valores, creencias y concepciones de los jóvenes hay temas fundamentales de participación como educación, trabajo, salud, sexualidad y procreación; construcción de la familia, creencias, satisfacción y retos para el futuro, visión de país y sociedad, accesos y consumo de información, participación política, percepción de seguridad, medio ambiente y tiempo libre que muestran un panorama muy amplio sobre los intereses de los jóvenes.. Aquellos de zonas urbanas y otros de zonas rurales con sus manifestadas diferencias.

Ver desde el mundo de los jóvenes nos lleva a comprender otro modo de la sociedad. Y es que los adultos insisten en posicionar al joven como ciudadano de segunda o tercera categoría. Se le exige que cumpla con sus obligaciones entre tanto se violan sus derechos, no solo a la cultura, sino también a sus derechos fundamentales.

Nuestra cultura política nos hace ver que los jóvenes son el futuro, un futuro que no existe para quienes no tienen presente.