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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 17-04-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

ADOLESCENCIA Y PUBERTAD II


Las niñas, por el contrario, se sienten alarmadas y avergonzadas de las transformaciones de su cuerpo

En las mujeres, la maduración temprana suele producir inseguridad. Es común que las niñas traten de esconder los senos y de parecer menos altas, pues aún no están preparadas para manejar la presión sexual y social que, a partir de su desarrollo físico, reciben del entorno.
Las niñas que maduran más tarde ya han adquirido mayor seguridad; sin embargo, cuando la pubertad tarda mucho tiempo en aparecer, también se sienten excluidas de su grupo de amigas.
Para el adolescente es fundamental el apoyo y la compañía de sus padres en el abandono de la niñez
Los padres tenemos la responsabilidad de dar información completa y oportuna a nuestro hijo o hija acerca de la pubertad y la adolescencia , advertirle el amplio rango que existe en el desarrollo normal para que no se preocupe o se sienta anormal si empieza antes o después de sus compañeros. Hemos de comprender que en estos momentos losniños son especialmente sensibles a cualquier tipo de observación relacionada con su aspecto físico. La adolescencia es una época en que el niño necesita aceptación y aprecio para fortalecer su autoestima y la confianza en sí mismo.
El respeto, cercanía y cariño ayudarán a nuestro hijo o hija a asimilar y a aceptar el proceso de transformación de su cuerpo. Tal vez, hasta sea capaz de disfrutarlo.

UNA ETAPA DE CAMBIOS Y DESAFÍOS

Después de la relativa calma de la etapa escolar, la adolescencia llega como un período de turbulencia y agitación
Los cambios físicos de la pubertad se dan junto con variaciones intensas en el carácter y comportamiento del niño.
Si bien cada adolescente es único y posee una personalidad e intereses propios, existen características comunes en el desarrollo que conviene considerar para comprender mejor a nuestro hijo.
El adolescente vive un proceso de inestabilidad emocional. Debe dejar atrás el terreno conocido, seguro y protegido de la niñez para aventurarse a la tarea de convertirse en adulto. Por un lado, teme y se resiste a abandonar la tranquilidad del mundo infantil y, por otro, tiene urgencia de asumir su libertad, decidir por sí mismo y elegir su futuro. Sabe que ya no es un niño, y a veces le cuesta trabajo reconocer que aún carece de la madurez necesaria para hacerse cargo de su vida.
El adolescente vive una crisis de independencia
Ya no tolera ser tratado como pequeño; no quiere acompañarnos a las reuniones de la familia; no le gusta que le recordemos sus tareas pendientes o le hagamos notar su desorden; no soporta que lo despertemos en la mañana o lo mandemos a acostar por la noche. “No” es una palabra muy presente en su ánimo y en su vocabulario.
Nuestras observaciones son recibidas muchas veces con gesto de fastidio, piensa que no lo comprendemos y cualquier ayuda -cuando no es solicitada por él- se considera una intromisión que nos convierte en enemigos.
La necesidad de autonomía lleva al adolescente a intentar resolver los problemas por su cuenta, aunque al enfrentarse a dificultades que lo superan o lo confunden, se ve obligado a aceptar su escasa experiencia y a retroceder para pedir ayuda.
Sentirse incapaz e inadecuado puede hacerlo perder confianza, y su frustración con frecuencia se expresa por medio de conductas explosivas: cambios bruscos de humor, enojos, lágrimas o intolerancia.
Estas conductas, por irritantes o incómodas que nos resulten, son adecuadas en la etapa de desarrollo que vive nuestro hijo. La rebeldía contra la autoridad y lo establecido es una manera de aprender y crecer; de pasar de la dependencia infantil o la autonomía del adulto; es parte del camino del adolescente hacia su plena madurez e identidad.

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