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Categoría: Columnas | Colocada por: ASICH | Fecha: 17-04-2017 | [Imprimir]
Mario Tassías

Afirman los expertos y las estadísticas lo comprueban, los jóvenes de zonas rurales no
establecen vínculos con los partidos políticos. Sus razones van desde el rechazo “porque no cumplen lo que prometen” o porque ellos “no saben de política”. Así que “la construcción de la ciudadanía de los jóvenes rurales está muy lejos de transitar por los partidos políticos”.
Además “si la juventud urbana ha sido incorporada a la política como “clientela” y no como sujeto participativo, la juventud rural e indígena ha sido incorporada desde la exclusión”
Quienes participan de cuestiones políticas, se expresan de formas diversas, una de ellas es la música en sus distintas manifestaciones. Estos jóvenes informalmente organizados en colectivos, clubes, grupos, barras y asociaciones, están “haciendo cosas” en sus comunidades, en sus barrios y colonias, dice la especialista Rossana Reguillo Cruz.
Para los jóvenes de zonas rurales, lo político pasa por el arte, la cultura y las formas emergentes de organización social en el barrio, en la colonia, la atracción, no es el poder por el poder, ni el control desde la sociedad desde un “puesto político”.
Existen hasta ahora pocas iniciativas en materia de educación cívica y juventudes, quien menos hace es el Instituto Mexicano de la Juventud, que es quien debería tener como prioridad el tema de la juventud. El Instituto Nacional Electoral, ha empezado a sumar esfuerzos, pero es precario ante la inmensidad del reto.
Hasta hoy, poco han hecho por la construcción de ciudadanía como en el tema de fomento al voto joven, y lo más grave, que no existe hasta la fecha un estudio o investigación en materia de participación ciudadana juvenil en México, que se centre en temas como el voto joven o la asociación juvenil.
Hay que entender que el ejercicio de la democracia abarca todos los terrenos donde se mueve la sociedad y principalmente los jóvenes que son los que menos votan. Son los que reconstruyen ciudadanía en actividades deportivas, culturales, artísticas o simplemente ocupan su tiempo en actividades laborales cuando no están desocupados por falta de trabajo.
El abstencionismo electoral es una muestra de rechazo a los poderes establecidos. Una de muchas otras formas para deslegitimar el trabajo que las instituciones electorales y los partidos políticos dicen realizar. Contrario a lo que suman las estadísticas y a pesar de la desilusión, los jóvenes si están interesados en el acontecer político de su entorno. Nada más que esa participación, se inscribe en otros escenarios, alejados de la institucionalidad y se manifiesta de manera pública con las marchas de protesta, por ejemplo.
Los jóvenes no aceptan participar en la política institucional porque se integran en actividades que les permiten consolidar sus redes sociales no necesariamente electrónicas, o vincularse con organizaciones de carácter estudiantil, de alguna organización religiosa, de beneficencia y aún las relacionadas con responsabilidades de paternidad o maternidad temprana.
Los partidos políticos y la clase política tiene en la pobreza y la falta de educación, uno de los más grandes filones del botín político al que manipulan en cada proceso electoral para mediante programas sociales y política paternalista al campesino y al indígena, a quienes, se vuelve la mirada para mantenerlos cautivos, mediante promesas.
Este mismo instrumento de control social y político se aplica en las zonas donde las necesidades de servicios municipales escasean o definitivamente están totalmente ausentes.
De frente al 2018, el camino de la elección es una vía muy amplia que tendría que recorrerse con cuidado y con la idea de que ese 35% y más de jóvenes electores inscritos en el Padrón electoral, se decidan a darle un gobierno renovado a este país