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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 10-04-2017 | [Imprimir]
ADOLESCENCIA Y PUBERTAD

La pubertad es un proceso que se inicia cuando el cuerpo de la niña o el niño empieza a generar ciertas hormonas

Esas hormonas provocan cambios fisiológicos en los órganos genitales y hacen aparecer las características sexuales secundarias.
Los varones “ dan el estirón” y desarrollan mayor fuerza física. Sus órganos sexuales aumentan de volumen, crece la barba y el vello púbico, comienza el cambio de voz. Incluso su rostro se modifica: se hace más anguloso y va perdiendo su aspecto infantil.
Debido al exagerado crecimiento de sus extremidades, muchos niños se vuelven torpes, se tropiezan, tiran, rompen y algunos sufren dolores en brazos y piernas.
Las niñas también aumentan de peso y estatura. Sus caderas se ensanchan, se forman los senos y aparece el vello púbico.
El cabello y la piel de niños y niñas se vuelven grasosos y es frecuente que brote el acné, esos granitos que se convertirán en una de sus mayores preocupaciones.
Aunque la edad en que se presenta la pubertad es variable, en las mujeres suele iniciarse entre los nueve y los trece años, y en los hombres entre los doce y los quince.
En la pubertad, el cuerpo del niño tiene que consumir gran parte de sus reservas en crecer, por lo que no tiene energía disponible para otras actividades
Un niño de doce o trece años necesita dormir más que uno de nueve o diez. Para los padres, puede ser molesto que nuestro hijo se quede en la cama los fines de semana más horas que el resto de la familia. Si entendemos que no lo hace por “flojera” sino por las exigencias normales de su cuerpo, nos será más fácil permitirle descansar y recuperarse.
Sin embargo, cuando el muchacho duerme durante el día y deja de participar en actividades con la familia o los amigos, es necesario observarlo con cuidado para asegurarnos de que no está sufriendo una depresión.
Otro aspecto importante que debemos atender en la pubertad es la dieta. Si el niño o la niña no comen adecuadamente durante este periodo pueden originarse serios trastornos en su salud. Una ventaja es que suelen gozar de buen apetito, sobre todo cuando comen contentos y en la compañía agradable de su familia y, algunas veces, de sus amigos.
Las transformaciones fisiológicas de la pubertad son el primer reto de adaptación al que ha de hacer frente nuestro hijo para pasar a la adolescencia
Acostumbrado a varios años de estabilidad y equilibrio, el niño se enfrenta de pronto a una nueva apariencia y, luego, a fenómenos físicos desconcertantes y a nuevos y extraños deseos que surgen sin previo aviso.
Se considera que ha llegado la adolescencia cuando en las mujeres aparece la menstruación y en los varones los “sueños húmedos” o eyaculaciones nocturnas.
Si los chicos o chicas no saben o no entienden qué les está pasando, pueden preocuparse ante las modificaciones en su cuerpo: “¿Tendré alguna enfermedad?” “¿será normal?” “¿Me atreveré a discutirlo con alguien?” Algunos de estos miedos forman parte del proceso del crecimiento, pero muchos otros son innecesarios. Pueden evitarse si el niño recibe una información adecuada y tiene cerca adultos comprensivos que acompañen sus sentimientos de inseguridad y confusión.
Los cambios físicos acelerados producen en el adolescente una imagen personal cambiante, inestable y muchas veces negativa
El chico necesita realizar un doble esfuerzo: familiarizarse con su nueva imagen y aceptarse así mismo. En esta tarea se siente inseguro, no puede dejar de observarse y de compararse con sus compañeros.
Su falta de confianza se incrementa cuando el niño experimenta la pubertad mucho mas temprano o mucho más tarde que la mayoría de sus amigos.
El varón acepta con más facilidad ser el primero en crecer que ser el último
Ser más alto y más fuerte le da confianza y un mejor nivel de autoestima. Sin embargo, puede tener problemas si le exigimos comportamientos propios de una edad que todavía no alcanza, pues es incapaz de cumplir con ellos: la madurez de su cuerpo no siempre corresponde al desarrollo de su mente y sus emociones.
En cambio, el niño que tarda en desarrollarse se beneficia de una niñez más prolongada, pero le resulta difícil seguir el paso a sus compañeros y acompañarlos en las primeras aventuras de la adolescencia. El chico se siente en desventaja y tiende a retirarse, o bien el mismo grupo se encarga de aislarlo.
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