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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 27-03-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

CONTINUACIÓN DE ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA FAMILIA, EN LA EDUCACIÓN DE LOS ADOLESCENTES.


Cada familia es diferente

Las familias son distintas según las personas que las forman y las condiciones de cada una.
Una familia puede estar formada por una mamá y un hijo; un papá, una tía y una hija; una abuela y un nieto; un papá, una mamá y varios hijos; una pareja con hijos adoptados, una pareja sin hijos, etcétera.
Hay familias grandes y pequeñas; algunas se reúnen con frecuencia y otras se ven de cuando en cuando; algunas organizan fiestas, otras platican historias o se ayudan cuando es necesario; algunas se pelean por cualquier asunto y otras prefieren no hablar de los problemas que les afligen.
En algunas familias las personas encuentran difícil resolver sus desacuerdos; otras tienen mayor capacidad de reconocer sus conflictos, enfrentarlos y solucionarlos por medio del diálogo, de aceptar sus diferencias y enriquecerse a partir de ellas. Para algunas familias es natural expresar los sentimientos y escuchar a los demás, se sienten bien al demostrar su afecto a través de caricias y palabras cariñosas; otras familias son más reservadas, las manifestaciones afectivas no les resultan cómodas y buscan mostrar su amor de maneras distintas. Cada familia tiene su propio estilo de disfrutar, compartir, comunicarse y quererse.
Todas las familias son valiosas y todas pueden mejorar su funcionamiento.
En cualquier tipo de familia los adolescentes tienen el derecho y también la posibilidad de aprender y desarrollar sus capacidades
Ninguna persona es perfecta, las familias tampoco lo son. Todos tenemos limitaciones de conocimientos y recursos, a veces perdemos el control; pero todos tenemos también la capacidad de superar los errores, el cansancio y el enojo, de aprender nuevas formas de convivir con los demás y ser solidarios. Es necesario tomar una decisión ante los problemas que vivimos los padres, ante el agotamiento, el fracaso o la tristeza. Podemos dejarnos vencer por las circunstancias o bien mantener en la mente y el corazón nuestros anhelos, y aprovechar los obstáculos para crecer y para dar a nuestros hijos un ejemplo de valentía y esperanza.
Lo que importa es que los padres, los abuelos, los tíos o quien quiera que sea la personas adulta encargada del cuidado de la familia, seamos conscientes de la trascendencia de nuestro papel como educadores y nos ocupemos de los adolescentes con inteligencia, respeto y, sobre todo, con amor.
Estos apuntes propone actitudes, acciones y soluciones que parecerían no tomar en cuenta las complicaciones de la vida cotidiana y las condiciones difíciles que padecen las familias
Sin embargo, estas sugerencias provienen de la experiencia de muchos padres que, como nosotros, han enfrentado problemas serios y se han equivocado muchas veces. Al ser conscientes de sus errores y tratar de corregirlos, ellos encontraron maneras útiles y eficaces de relacionarse con sus hijos y apoyarlos en su proceso de desarrollo.
Quizá no siempre sea posible llevar a cabo las sugerencias aquí planteadas; pero sostener una aspiración y entender que lograrla en alguna medida significa dar a nuestros hijos una vida más plena y más feliz, nos puede dar el aliento suficiente, no para ser perfectos- nadie lo es- pero si para intentar ser mejores padres cada día.


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