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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 20-02-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

JUEGO Y CREATIVIDAD

El juego es la ocupación fundamental de un niño


Hasta hace poco se creía que jugar era una actividad inútil, un simple entretenimiento para
descansar del estudio o de otras actividades más serias y productivas. Hoy se sabe que el juego es indispensable para asegurar el pleno crecimiento y desarrollo del niño.
El niño juega por una necesidad interna que pone en movimiento todas sus capacidades, por un impulso natural de explorar, descubrir y crear.
El juego ofrece al niño un sentimiento de libertad y de dominio que lo ayuda a construir su personalidad y a fortalecer su autoestima
El juego es una actividad libre, espontánea y flexible en la que el niño asume el control, decide las reglas y puede cambiarlas en cualquier momento.
El niño se entrega al juego con todo su ser, con todas sus capacidades y conocimientos, con toda su concentración y su energía. En el juego expresa sus ideas, deseos, sentimientos, miedos, afectos y fantasías y obtiene satisfacciones que ninguna otra actividad le puede dar. El juego nutre la vida del niño, le es vital para aprender a manejar su cuerpo, a relacionarse y colaborar con otros, a conocer el mundo, a crear y construir, a imaginar y razonar. Las diferentes clases de juego favorecen cada uno de los aspectos de su desarrollo.
El juego para conocer
Cuando entra a la escuela primaria, el niño no está listo para renunciar al juego ni a los juguetes. El juego sigue siendo una manera de vivir y de aprender muy importante para él. Suele disfrutar todavía de sus juguetes de cuando era más pequeño, aunque los maneja en una forma más compleja y usando más el pensamiento. No vale la pena tener prisa para que los deje, nunca hay que decirle: “Eres demasiado grande para…”
En los primeros años de la etapa escolar, su capacidad de lenguaje aún no está suficientemente desarrollada para aprender exclusivamente con palabras. Sólo cuando estas se relacionan con algo concreto y físico tienen un significado claro para él. Los objetos todavía le son indispensable para aprender. El niño necesita una gran cantidad de experiencias de juego en las que use las manos, los ojos y los oídos, como la base para desarrollar su pensamiento.
A medida que crece, el niño logra un avance fundamental: organiza y ordena en su mente los hechos y los objetos
A partir de los ocho o nueve años, empieza a apartarse de sus juguetes y a jugar con ideas, a dejar la fantasía infantil para explorar el campo de la lógica.
Al acercarse a la adolescencia, su pensamiento se hace más complejo y su juego se vuelve más intelectual. Le encantan los juegos en los que se utiliza la memoria, la inteligencia y la planeación; los juegos de mesa como las damas y damas chinas, el dominó y los submarinos, así como los juegos con palabras como crucigramas, adivinanzas o ahorcados.
Requiere cada vez materiales sofisticados para leer, escribir, construir, investigar o realizar experimentos. Mientras más variadas sean sus aficiones, más ocupado estará, más aprenderá y más activa será su inteligencia.
El juego para ejercitar el cuerpo
El juego ofrece al niño la oportunidad de utilizar su cuerpo y de probar destrezas físicas.
El juego para imaginar
El juego imaginativo del niño está en su máximo esplendor entre los seis y nueve años.
Tanto a niñas como a niños les divierte recrear situaciones familiares. Se disfrazan y actúan como vaqueros, bailarinas, policías, detectives, piratas, novias, enfermeras, bomberos, astronautas y domadores. Su juego tiene un tema, un argumento y sigue una secuencia ordenada.
A partir de los nueve años, el niño utiliza la actuación para explorar los papeles de la vida adulta.
Es una etapa en que los niños disfrutan hacer dramatizaciones; podrían también construir el teatro, pintar los decorados y colgar cortinas del techo para cerrar y abrir el escenario.
Les encanta danzar, cantar y representar papeles adultos. Organizan funciones para su familia y sus amigos. Ahora necesitan un público para exhibir las obras que escriben, preparan y ensayan; buscan comunicar y expresar, pero también les interesan ser aprobados y aplaudidos.
Es una buena idea guardar ropa que ya no usan nuestros familiares, sombreros, trapos, toallas o sábanas viejas para transformarlas en capas y túnicas; estambres para confeccionar pelucas y barbas; calcetines, diademas y listones, y poner todo en una caja que esté disponible para ellos. Sí es posible, podemos colocar un espejo grande en la pared o en la puerta de tal manera que puedan examinar sus creaciones.



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