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En Chiapas los jóvenes se están matando… también

Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 25-01-2017 | [Imprimir]
Rosemberg Román

Los jóvenes se matan al igual que sus metas, su desesperanza, sus oportunidades. Se
están matando, no sólo entre ellos sino ellos a sí mismo. En Monterrey, el 18 de Enero un adolescente dispara y hiere a cuatro alumnos y una maestra dentro de un salón de clases de una escuela privada. Todo el país y sus medios se vuelcan a la tragedia, el shock nacional se presenta y la sorpresa se convierte en indignación por saber que un adolescente de 15 años tenía un arma calibre 22 y disparó a sangre fría sin mediar razones; toda la atención se dirige a las víctimas pero pocos notan o atienden queel victimario, el autor, él se suicida.

Al conocer más detalles del suceso me pregunté ¿hubiera este chico asesinado a sus compañeros sin antes tener la firme determinación del suicidio? La respuesta no se conocerá nunca, pero me inclino por un: No. No se desestima la indignación por las víctimas, pero en esta ola de comentarios, reacciones, investigaciones y juicios que buscan encontrar razones que llevaron al hecho, la mayoría visualizó al suicidio del joven como un acto per se, los esfuerzos se dirigen a descifrar las causas de su violenciapero nunca las causas de su propia muerte. Se da por hecho que matarse era natural por matar a los otros, se normaliza así la muerte del agresor sin detenerse a comprender que probablemente la determinación del suicidio da pie a la agresión y no la agresión al suicidio.

Y es que matarse se ha vuelto tan normal que el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años a nivel mundial con 13.5 muertes por cada 100 mil jóvenes. En México se registraron 6 mil 425 suicidios de población general y según la misma fuente “sólo 316” en Chiapas (las comillas a propósito). La entidad es según estos datos el 12º lugar a nivel nacional con 6.3 casos y el 8º lugar nacional en muerte de jóvenes de 15 a 29 años con 9.9 muertes por cadapor cada 100 mil habitantes. Sin embargo, a estas cifras sino hay que creerles poco si hay que tomarlas con serias dudas ante una realidad que incluye la no dictaminación y reporte de muerte por suicidio de autoridadesa petición familiares o por propia negligencia de los profesionales de la salud que en su lugar dictaminan “paros cardiorespiratorios o asfixia” como causa de muerte y no el suicidio.

En Chiapas los jóvenes se están matando también, en forma sumamente alarmante y silenciosa. En la experiencia con el tema y por versiones de profesionales que ahí laboran, las cifras declaradas por Secretaría de Salud son maquilladas, no reportadas o no corresponden a una realidad imperante en la que basta leer los diarios y encontrar habitualmente más de una nota que refiera uno o más suicidio en diversas poblaciones del estado; por eso las comillas en tan “sólo 316” suicidios reportados, en realidad estos son la punta de un gran iceberg. Muchos de los suicidios no se reportan a las instancias oficiales o no se asumen como tal por vergüenza, librar trámites o en su peor caso, por evitar incrementar las cifras oficiales que dan muestra de las dificultades del contexto social local en que nos encontramos.

Es que un suicidio es exactamente eso, el síntoma y muestra del fracaso de nuestras instituciones públicas que no lograron solventar las diversas necesidades de sus miembros, ya sea desde aspectos sociales como empleo, seguridad, educación, etcétera, y las intrínsecas, como salud mental y preventiva. En cada suicidio hay un fracaso, como un gran fracaso ha sido el Proyecto de Prevención y Atención del Suicidio en Jóvenes y Grupos de Alto Riesgo realizado por la Coordinación de Salud Mental de la Secretaría de Salud Estatal que no aporta más allá de reuniones para la foto, estrategias verdaderamente efectivas de atención y prevención.
El caso del chico de Monterrey encendió las alertas no sólo de la violencia, el acceso a las redes sociales y su contenido, el uso de armas de fuego, de la seguridad en las escuelas, la atención y cuidado de los padres a sus hijos, sin duda, debe activar también la del suicidio. Un fenómeno multifactorial que avanza sombríamente en lo cotidiano. La edad del chico, 15 años, encaja perfectamente en la estadística de edad y escolaridad en que más se comete suicidio con un 32.1% hombres y un 33.9% mujeres adolescentes en secundaria. Son nuestros adolescentes los que más se quitan la vida.

En Chiapas, presenté en 2016 a la Secretaría de Salud un proyecto de colaboración institucional para la prevención y atención del suicidio que incluía no sólo la capacitación de sectores clave sino además la inclusión y participación de instituciones como Secretaría del Trabajo y Economía, que podrían mediante acciones pertinentes mejorar las condiciones socioeconómicas de personas con intento suicida. Al día de hoy la implementación como la apatía de sus coordinadores y responsables del tema es consecuente. Con esto, me sumé así a los esfuerzos de investigadores como Jorge Magaña y su interés de estudio del suicidio, quien en el documental “Crónica para un adiós” aborda la situación de miles de indígenas cuyo prejuicio urbano refiere que a ellos no les afectan los problemas sociales, sin embargo son los más sensibles y concluye que es en el área rural de Chiapasen donde las mujeres indígenas son quienes más se suicidan.

El suicidio es sin duda un tema que debe ser prioritario no sólo desde la agenda de la salud pública sino también una política pública interinstitucional que responda al fenómeno intrínseco de nuestra sociedad cada vez más individualista y exigente.Ojalá tal acto tan disruptivo nunca trascienda de la teoría del llamado “efecto Werther”, mismo que describe la tendencia a incrementar los suicidios por imitación.La muerte del chico de 15 años que atento contra la vida de sus compañeros, es no sólo un reflejo de nuestras carencias institucionales y las deficiencias en materia de seguridad entre padres de familia y las escuelas, es un reflejo vivo y abierto que nos dice una vez más, nuestros jóvenes se están matando, no entre ellos sino a sí mismos.