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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 16-01-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

CONSECUENCIAS NATURALES Y CONSECUENCIAS LÓGICAS II


No discutir ni dejarnos convencer. Por más que proteste o ruegue nuestro hijo, una vez
que hayamos definido una regla y su consecuencia, tenemos que ser firmes en su cumplimiento. Solo debemos dejar claro que es el niño quién decidió no respetar la regla. Si los argumentos del niño son razonables podemos revisar más tarde la regla, considerar si han cambiado las circunstancias o la madurez del niño, y entonces ponernos de acuerdo con él para modificarla.
-Explicar las razones por las que su conducta lleva a las consecuencias que estamos aplicando. Debemos hacer ver claramente al niño cómo alguien más ha sido afectado por lo que él hizo.
-Propiciar un acuerdo entre el niño y los que han sido perjudicados por él.
Cuando el niño logre entender el punto de vista de los demás, sentirá deseos de remediar el daño por su propia voluntad. “ Perdiste la pluma de tu hermano. ¿Qué puedes hacer para que vuelva a tener sus útiles completos?
-No juzgar al niño sino describir la acción. En vez de calificarlo: “¡Eres un descuidado! Si no tuvieras la cabeza pegada, ya la habrías perdido”, podemos decirle simplemente: “Perdiste tu libro, ¿Cómo vas a estudiar y hacer tu tarea?”
-Cuando en una situación participa un grupo de niños, no tratemos de encontrar culpables. Es mejor propiciar que entre todos resuelvan el problema y compartan la responsabilidad.
“Rompieron las plantas con la pelota, ¿Qué van a hacer para arreglarlas?”
Aplicar las consecuencias siempre de la misma manera. Ser constante y congruente. Cuando un día estamos atentos a que nuestro hijo viva una consecuencia y al siguiente nos olvidamos, el niño se sentirá desorientado y le costará más trabajo aprender a tomar decisiones.
-Aplicarlas cuando acaba de suceder el hecho. De esta manera, el niño tiene oportunidad de obtener un aprendizaje inmediato. Pero también es recomendable buscar el momento adecuado, cuando estemos tranquilos y podamos comprender la naturaleza del problema, para hacer una buena reflexión.
-Procurar que el niño aprenda de sus acciones. Equivocarse es un medio excelente para aprender. Si aprovechamos la experiencia el niño, el niño saldrá reconfortado y con la autoestima fortalecida.
Una excelente manera de prevenir problemas de disciplina es crear en casa un ambiente agradable en el que haya muchas cosas interesantes que hacer
Mientras el niño esté ocupado en lo que le gusta, menos conflictos ocasionará. Los niños aburridos, los que no tienen estímulos atractivos a su alrededor, son los que presentan conductas conflictivas con mayor frecuencia. Conviene planear juegos entretenidos que inviten al niño a investigar y a aprender. Cuanto más podamos organizar el entorno del niño y proponerle actividades divertidas, menos va a retarnos y a rebelarse.
Es conveniente recordar que la aplicación de consecuencias naturales y lógicas, o cualquier otro recurso para disciplinar, sólo da resultado si hemos establecido una relación de respeto y afecto con nuestro hijo.
La disciplina funciona cuando hemos creado la costumbre de pasar tiempo juntos, de expresar nuestra aceptación, confianza y amor al niño; cuando la utilizamos para educar, no para ejercer el poder; cuando sabemos que el fin último de los padres es desaparecer como autoridades, abrir horizontes a nuestro hijo y dejarlo convertirse en el único dueño de su vida, en un ser humano cariñoso, feliz, satisfecho y útil a los demás.



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