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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 01-01-2017 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

LA DISCIPLINA. UNA EXPRESIÓN DEL AMOR


La palabra disciplina viene de discípulo, el que aprende de un maestro

El objetivo fundamental de la disciplina es el aprendizaje. En la familia, la disciplina es una manera de enseñar de los padres y una forma de aprender del niño las conductas más productivas y satisfactorias para él y para las personas con las que convive.
La disciplina es una expresión de amor a los hijos y una responsabilidad fundamental de los padres
Desde la infancia hasta la adolescencia, los niños requieren nuestro ejemplo y disciplina para orientarse en su camino hacia la autonomía.
Mientras el niño no cuente con un criterio suficientemente desarrollado, nos corresponde a los padres ejercer la autoridad y llevarlo de la mano hasta que él llegue a ser su propio conductor.
Aunque nos sorprenda, los niños necesitan y valoran la disciplina
Los niños identifican la disciplina con el amor y atención, pues reconocen que los padres tenemos más conocimientos y experiencia que ellos. Esperan que los guiemos, les fijemos límites, les digamos con claridad y respeto lo que consideramos adecuado y tomemos la responsabilidad de hacer cumplir las reglas para que ellos se sientan protegidos y seguros.
Desde luego que, en ocasiones, los niños se oponen a nuestra autoridad, protestan, desobedecen y se rebelan para ponernos a prueba, para asegurarse de que somos fuertes y nos hacemos cargo de su cuidado. Cuando no encuentran límites, se vuelven cada vez más desafiantes para experimentar hasta dónde les permitimos llegar.
Los padres podemos hacer mucho daño a nuestro hijo si renunciamos a ejercer la autoridad
Si dejamos que el niño haga lo que quiera, ¿Cómo aprenderá a fijarse metas y cumplirlas?
¿Cómo sabrá relacionarse con otras personas?
Si permitimos que nuestro hijo nos falte el respeto y nos menosprecie, ¿En quién se va a apoyar para obtener seguridad y guía?
Si el niño es incapaz de ver el peligro o la inconveniencia de algunas acciones, los padres tenemos la obligación de cuidar sus salud y seguridad y de enseñarle a tomar decisiones de manera razonada y serena.
Pero una cosa es ejercer la autoridad y otra muy distinta castigar o maltratar al niño
El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores métodos para disciplinar. El castigo emocional, como insultar al niño, gritarle, burlarnos de él, hablar de sus limitaciones con otras personas o amenazarlo, puede limitar su capacidad de usar su inteligencia y dañar su autoestima, Humillar al niño es un acto devastador, es una práctica que lo devalúa y lo hace sentir incapaz, avergonzado consigo mismo y tan inseguro que no podrá cambiar el comportamiento que tratamos de corregir.
Otros castigos como prohibirle escuchar música, jugar con sus amigos o practicar su deporte favorito para quitarle lo que más le gusta hacer, no suelen tener relación con su falta y lo privan de esas actividades personales y recreativas que tanta falta le hacen para crecer.
Los castigos severos le producen frustración, resentimiento, deseos de venganza, miedo, resistencia a colaborar; hacen que nuestro hijo nos pierda el afecto y el respeto, lo llevan a esconderse, a mentir y lo alejan de nosotros.
El castigo físico como pegar, zarandear o pellizcar, es un gran abuso. Nunca hay razón para maltratar a golpes aun hijo.
Ninguna situación justifica el mal trato. Los golpes, igual que la humillación, pueden impedir momentáneamente un comportamiento, pero no hacen que un niño entienda las razones y la conveniencia de cumplir las reglas, así que en cuanto desaparece la vigilancia, vuelve a hacer lo mismo. El niño en realidad no aprende a decidir con autonomía sino sólo evitar el castigo; se siente tan herido y enojado que no puede pensar en lo inconveniente de sus acciones, Para un niño, el castigo físico significa que no lo amamos, que nos aprovechamos de nuestra fuerza y nuestra posición, y que la violencia sirve para resolver problemas.
Una de las formas más agresivas de castigar al niño es retirarle el afecto
Decir a nuestro hijo: ”Eres un desastre, más valía que no hubieras nacido” “No quiero verte” “Yo no te soporto” es una manera cruel o irreflexiva de castigar que no funciona para educar al niño, pues él no la relaciona con su conducta sino con el desamor y el abandono.
El cariño de los padres debe ser incondicional. El niño necesita sentirse querido a pesar de sus errores o sus faltas
Esto no significa dejarlo hacer lo que se le antoje, se trata de corregirlo con cariño, de encontrar maneras positivas de enseñarle a ser responsable. El niño debe saber que lo disciplinamos precisamente por que lo amamos.
La disciplina debe tener como meta que el niño aprenda a ponerse límites así mismo, a tomar decisiones y a marcarse metas
Los límites y las reglas que marcamos a nuestro hijo tienen la función de educarlo, de mostrarle cómo vivimos los valores en las situaciones concretas, de preservar su seguridad, darle confianza, formar su criterio y orientarlo para que actúe sin afectar a otras personas. Por eso la disciplina requiere respeto, confianza y afecto.
Quizá pensemos que esta manera de ver la disciplina no es realista y que supone un ambiente familiar ideal en el que todo el tiempo se vive el amor, el equilibrio y la sensatez
Por supuesto que no es así. Todos los padres perdemos el control y reaccionamos impulsivamente de vez en cuando. Quizá aprendimos a actuar de manera agresiva siendo niños, porque nosotros mismos recibimos golpes y castigos. Necesitamos reconocerlo y ser conscientes del daño y el dolor que eso nos causó, para no repetirlo con nuestros hijos.
Si llegamos a gritar o a darle una nalgada a nuestro niño, tenemos la posibilidad de aceptar el hecho, pedir perdón y hacer lo posible por remediarlo. Las disculpas tienen un efecto educativo cuando los golpes o gritos no se repiten con frecuencia. Lo que importa es que los padres realmente tengamos la intención y hagamos el esfuerzo por cambiar las prácticas irrespetuosas y controlar nuestras tendencias violentas.
¿Como encontrar una disciplina que eduque a nuestro hijo y le exprese nuestro amor al mismo tiempo?
Uno de los métodos con el que muchos padres han obtenido resultados positivos es la aplicación de consecuencias naturales y lógicas.
Cuando propiciamos que el niño viva el efecto de su comportamiento, estamos aplicando una consecuencia. Los niños a quienes se enseña a asumir el resultado de sus acciones aprenden a hacerse responsables, a tomar decisiones y a ajustar su conducta a lo que ellos mismos consideran justo y positivo.
PROXIMO: CONSECUENCIAS NATURALES Y CONSECUENCIAS LÓGICAS