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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 19-12-2016 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

Los padres sabemos que no somos los únicos que damos información sexual a nuestros hijos

En la actualidad, los niños están expuestos a una profusa información sobre la sexualidad; por eso es tan importante ayudarlos a formar su criterio y a saber reconocer lo que es correcto y valiosos para ellos. La información sin orientación no es suficiente para educar.
Los medios de comunicación, los amigos, algunos libros y revistas, están muy presentes en la vida de los niños. Pero, en esta etapa, la influencia de los padres todavía es muy importante, tenemos la posibilidad de anticiparnos a la información negativa o inexacta que pudieran recibir, hablando con ellos en el momento oportuno.
Incluso podemos aprovechar los medios de comunicación, ver algunos programas con nuestros hijos y conversar acerca de los personajes: ¿qué valores muestran con sus acciones? ¿ Las expresiones físicas de las parejas muestran un verdadero amor y compromiso?
También vale la pena invitar a los amigos de nuestros hijos para conocer el medio en el que se desenvuelven. ¿De qué platican? ¿Cómo se comportan? ¿Tocan temas relacionados con la sexualidad? ¿ Como se expresan?
La manera de tratar el tema de la sexualidad y los datos que demos a nuestro hijo o hija cambian según su edad y madurez
Hasta los siete años, es suficiente contestar a sus preguntas con respuestas sencillas, explicaciones cortas, claras, sin mentiras e imprecisiones, y sin darles detalles que no nos pidan. Los niños a esta edad sienten más curiosidad por las partes de su cuerpo, por las diferencias entre niños y niñas, por el proceso del embarazo y el nacimiento, que por el sexo en sí.
Es necesario observar con atención a nuestro niño para saber cuándo y cómo hablar con él, sin darle demasiada información cuando aún no le interesa ni está preparado para comprender, pero tampoco esperar demasiado, pues él podría recibir datos equivocados o negativos en otro lado.
La educación sexual se basa en la actitud del niño hacia su cuerpo
Los padres podemos propiciar en nuestro hijo la admiración por lo complejo y perfecto de su cuerpo. Sin el cuerpo no podría escuchar música, bailar, saltar, reír, comer o escribir; no sería capaz de comunicarse por medio de las palabras, de la mirada o de un abrazo.
Cuando más cuide y aprecie el niño su cuerpo, más positiva será su disposición hacia la sexualidad y más podrá conmoverse con el prodigio que es la creación de un ser humano. Podrá comprender cómo una relación física y sexual nos brinda la alegría de demostrar amor, y también la dicha de poder concebir un hijo.
Algunos educadores han encontrado que el momento más propicio de dar la información sexual básica y completa al niño es alrededor de los siete años u ocho años
Es una edad en que el niño ya puede comprender y es abierto, curioso e inocente. Acepta de buen grado lo que le enseñamos y todavía no siente vergüenza al tocar esos temas.
La información debe ser la misma para niños y niñas. Conviene platicar en privado con él o ella, en un lugar tranquilo, sin interrupciones; propiciar un diálogo- no una clase- y preguntarle si sabe de dónde vienen los bebés y cómo entran a la panza de la mamá. También es conveniente reflexionar sobre cómo deben ser los papás que van a recibir a un bebé, por qué tienen que ser personas adultas y responsables; por qué es importante que se quieran; por qué el bebé necesita una familia amorosa y protectora.
Para darle información, podemos recurrir a algún libro,si está a nuestro alcance, y mostrar los órganos sexuales, explicar como se realiza el acto sexual, cómo se unen el óvulo y el espermatozoide, cómo se desarrolla el bebé dentro de su mamá, como es el parto y la llegada del niño al mundo. Es importante llamar a cada parte del cuerpo por su nombre correcto. Explicar las diferencias entre el cuerpo del hombre y la mujer; reforzar la idea de que el cuerpo humano es maravilloso y que cada órgano cumple con una función específica. Lo importante es insistir en lo bello y natural de este proceso. No se trata de hablar una sola vez y abandonar el tema. A los niños se le olvida. Tiene dudas o les van surgiendo inquietudes. Hay que repetir la información y las reflexiones cuantas veces sea necesario.
Después de esta plática, es conveniente seguir conversando de otros aspectos de la sexualidad hasta que los chicos pasen la adolescencia. A los ocho años los niños están interesados en los hechos, más tarde necesitarán saber cómo manejar su propia sexualidad, qué deben o no deben hacer.

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