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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 05-12-2016 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

LOS PADRES Y LOS VAORES II

Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer


Los valores que orientan la vida de cada familia son recibidos de manera diferente por cada
uno de los hijos. Un niño es único y responde y responde a los valores de manera personal.
Nuestro hijo no necesariamente adopta nuestros valores por la sencilla razón de que lo sean. Necesita examinarlos, criticarlos, reflexionar sobre ellos. Incluso la rebeldía es una forma de aclarar sus valores personales. Desobedecer, probar, retar a los adultos es un intento normal y sano del niño para investigar quién es él, cuál es su lugar y cómo convivir con otros.
El ejemplo es indispensable para trasmitir valores, pero a partir del período escolar, también es necesario conversar con el niño acerca de nuestras creencias y convicciones
En este período, el niño está deseoso de discutir con nosotros sus ideas y experiencias, así que los padres tenemos una oportunidad excelente para comunicarle lo que pensamos sobre el significado de la vida y para compartir con él nuestros ideales, nuestra historia y experiencia.
Esta etapa es propicia para buscar con nuestro hijo los valores que hacen posible una mejor convivencia entre las personas y para reflexionar por qué es importante ponerlos en práctica
Los niños escolares ya están preparados para entender que lo
s valores y las decisiones que se desprenden de ellos están basados en ideas que todos podemos comprender y compartir
Las vivencias de todos los días nos dan oportunidades para reflexionar sobre los valores, pero además, los padres podemos proponer a nuestros hijos algunos juegos y actividades para profundizar en las ideas y actitudes hacia los valores de la familia.
-Podría ser un buen ejercicio tratar de definir algunos valores junto con nuestros hijos. Cada uno dice qué significa para él, por ejemplo, la generosidad: “Es compartir nuestro tiempo y nuestras cosas” “Es ayudar a otros” “ Es trabajar a favor de los demás sin esperar ningún pago”. En familia, vamos aclarando, con frases sencillas, los distintos aspectos de un valor.
-Otra posibilidad es recordar como hemos aplicado un valor en una situación concreta. Cada persona cuenta en qué ocasión puso en práctica el valor: cuándo, con quién, que hizo, cómo, por qué lo hizo. Puede también contar una situación en que alguien le demostró ese valor o en la que él no fue capaz de ponerlo en práctica.
Si tomáramos como valor la responsabilidad, algunos ejemplos quizá serían: “Yo me comprometí a ver una hora televisión cada día. Sin que nadie me vigilara, apagué el aparato al terminar el programa” “Rompí de un pelotazo el vidrio del vecino. Hablé con él para ponerme de acuerdo sobre el tiempo en que podría pagarlo”
- Los niños disfrutan los concursos. Podríamos pedirles que, en cinco minutos, anoten en una hoja de papel todos los valores que se les ocurran. Después ver quién reunió más valores, o cuáles fueron los mejores valores según el grupo.
- -Después de leer o contar un cuento o una historia, podríamos platicar sobre los valores que manifiestan los personajes. Los héroes y los villanos actúan según principios muy diferentes. Es interesante descubrir qué busca realmente cada uno. En que se parecen sus valores y en que son diferentes. ¿Existe algún valor que compartan héroes y villanos?
- -Un juego que resulta divertido y aleccionador consiste en que cada miembro de la familia escoja un personaje y defienda los valores de ese personaje ( aún cuando él no esté de acuerdo con ellos).
- -Otra actividad posible es contraponer un antivalor. Pensar juntos en que se equivocan los que no respetan, por ejemplo, la honestidad o la sinceridad. Reflexionar sobre cuáles son los pensamientos, actitudes y acciones que se oponen a esos valores; en que situaciones de la vida en la familia, la escuela o la comunidad han observado que se practica el antivalor, y que pensamientos, actitudes y acciones se pueden promover para reconstruir el valor.
- -Resulta muy enriquecedor hablar con personas de la comunidad sobre algún valor que el niño escoja. Preparar preguntas como: “¿Qué es el respeto o la gratitud?” “¿Para qué sirve?” “ ¿En que situaciones lo ha vivido la persona?”
- “¿Con quién?” “¿Qué historias puede contar sobre ese valor?”
- -Nuestra familia podría ser impulsora de valores en la comunidad. Junto con nuestros hijos, y tal vez algunos vecinos, organizarnos para promover, por ejemplo, la solidaridad o el civismo. Averiguar que problemas existen en nuestra colonia o comunidad, cuáles son sus causas, qué soluciones serían factibles y que podemos hacer nosotros.
- Sería muy útil aplicar los pasos de solución del problemas para plantear campañas de limpieza de parques, siembra de árboles, apoyo a asilos, vacunación de perros; mandar cartas y solicitar entrevistas a las autoridades y a asociaciones civiles, hacer propuestas y ofrecer nuestra colaboración. Éstas son solo algunas ideas. Los padres y los niños podemos encontrar muchas más.
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