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Categoría: Opinión | Colocada por: ASICH | Fecha: 07-11-2016 | [Imprimir]
PITA LADDAGA

APRENDER A SER II

La mayoría de los seres humanos vivimos una mezcla de alta y baja autoestima

Ninguna de las dos situaciones se da en estado puro. Tenemos épocas en que nos sentimos más valiosos y útiles que en otras. Es natural. Lo importante es ser consciente
de que tenemos en nuestras manos el poder de transformarnos. Y también, que tenemos la oportunidad de ayudar a construir y mantener una alta autoestima en nuestros hijos.
La formación de la personalidad del niño está íntimamente relacionada con su autoestima
Los comportamientos y actitudes de los niños, e incluso su mismo desarrollo, dependen de cómo se ve así mismo. La autoestima es la base sobre la que se apoya el niño para alcanzar la plenitud de sus capacidades, para crecer sano y feliz, para ser productivo y creativo. De la autoestima depende en gran parte su rendimiento escolar y sus relaciones sociales.
Cuando el niño entra a la escuela primaria empieza a interactuar con el mundo sin la protección de sus padres
La aprobación de los compañeros comienza a jugar un papel fundamental en la autoestima del niño, pero ser aceptado, tiene que sentirse seguro y desarrollar destrezas y habilidades de todo tipo.
A partir del tercer año de primaria, el niño es capaz de darse cuenta de sus fuerzas y limitaciones reales: sabe en qué puede sobresalir y qué le cuesta trabajo; se mide con otros y comprende que para lograr lo mismo que un compañero con mayor talento, necesita esforzarse más.
En esta etapa es fundamental fortalecer la autoestima de nuestro hijo en casa, ayudarlo a darse cuenta de que posee los recursos para conseguir lo que se proponga. Él tiene que encontrar su camino para llegar a ser una persona valiosa para sí y para los demás, pero todavía requiere de nuestro apoyo para reconocer sus capacidades y hacerlas valer.
Los padres tenemos cuatro herramientas básicas para apoyar a nuestro hijo en la construcción y fortalecimiento de su autoestima
La primera herramienta, indispensable para aplicar las otras tres, es el cuidado de nuestra propia autoestima. La segunda consiste en estar atentos a la forma en que valoramos al niño y las expresiones y palabras que usamos para referirnos a él. La tercera es darle oportunidades para probarse y superar retos por sí mismo, de apoyarlo sin protegerlo. La cuarta, y la más importante, es nuestro amor. Una alta autoestima se basa en tres certezas: soy alguien querido, soy valioso y soy capaz.
Primera herramienta: nuestra propia autoestima
Para ayudar a nuestro hijo a construir una autoestima alta es indispensable trabajar en nuestra propia valoración. A ninguna edad hay que dar por sentada la autoestima. Las críticas y reveses( como las dificultades económicas, los problemas en las relaciones, las pérdidas o enfermedades) la ponen en riesgo. Por eso es necesario que revisemos con frecuencia la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que la modifiquemos si no nos satisface y que nos arriesguemos a luchar por o que en verdad anhelamos. Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la familia.
Segunda herramienta: Las palabras
Las palabras tienen un impacto del que muchas veces no nos damos cuenta.
Según una leyenda africana, en una región al sur de ese continente, crecían árboles de raíces débiles, pero de madera tan dura que era muy difícil cortarlos con hacha. Para derribarlos, una persona subía hasta la punta y gritaba: ”Árbol, eres desagradable, no sirves para nada; nos molestas, nos estorbas…” y seguía insultando hasta que el árbol caía por sí solo, vencido y marchito.
Cuando maltratamos a nuestro hijo, no lo vemos caer porque lo que se marchita está dentro de él.
El niño termina por creer lo que decimos de él
Las palabras que le dirigimos a nuestro hijo deciden en un alto grado la clase de persona que llegará a ser. En la etapa escolar, sus raíces no han acabado de crecer, aun son frágiles y poco profundas, por eso las críticas, amenazas o burlas tienen un gran impacto en e concepto que está formándose de sí mismo. Si lo etiquetamos: “Eres un inútil, un torpe, un irresponsable”, acabará comportándose de acuerdo con esos atributos y crecerá pensando que vale muy poco. En cambio, si le comunicamos nuestro aprecio y aceptación, el niño sentirá valioso, querido y satisfecho.
Los padres podemos reforzar la autoestima de nuestro hijo al hacerle notar sus aciertos en lugar de señalar todos sus errores
Si, por ejemplo, nuestro hijo despertó solo y se vistió para ir a la escuela, pero se retrasó porque tuvo que buscar su cuaderno y su lápiz, podríamos decir: “Que bueno que te arreglaste con tanto empeño, ya solo falta arreglar tus cosas en la noche para no perder tiempo a la hora de salir”. Insistir en lo positivo da al niño una visión favorable de sí mismo.
Esto no significa hacerle halagos falsos, pues el niño se da cuenta de la realidad
Al niño le molesta escuchar: “ Que precioso dibujo hiciste. Eres un artista”, cuando él sabe que su trajo es defectuoso y ha sido realizado sin esmero. También se siente incómodo cuando lo calificamos; “Eres muy listo” o “Eres un niño bueno”.
Nuestro hijo necesita que le ayudemos a percibir sus logros y a apreciar lo que es real y tangible, no nuestras opiniones o juicios, incluso si éstos son desfavorables.
El elogio suele afectar de manera negativa la autoestima. Si un niño ha sido educado con halagos, se hace dependiente de las opiniones ajenas, requiere la aceptación de otros ara confiar en su habilidad y es incapaz de formarse un juicio propio acerca de lo que realiza.
No es lo mismo elogiar a nuestro hijo que animarlo y estimularlo. La diferencia es sutil pero muy importante